¿Cómo superar el estrés mediante el reconocimiento de la alegría ajena?

Por: Kelly McGonigal.

Una mañana cuando caminaba hacia el salón de clases para enseñar mi curso de la ciencia del estrés, encontré un periódico esperándome en el atril. Un estudiante llevó un artículo llamado “Estrés: Es contagioso”. El reporte sostenía que el estrés es “tan contagioso como cualquier patógeno trasmitido por el aire” y comparó su toxicidad con la del humo de segunda mano.

Como ejemplo, las historias de las noticias describieron un estudio en el que mostraron que los participantes de un estudio tuvieron una respuesta empática psicológica ante el estrés cuando observaron a otra persona con malestar. Uno de los investigadores comentó, “es sorprendente la facilidad con la que el estrés fue transmitido”.

Como alguien que estudia tanto el estrés como la empatía, recibo muchas preguntas de esta investigación. ¿Significa que la empatía es una carga que incrementa tu riesgo de desgaste, depresión y burnout? Si eres altamente empático, ¿estás condenado a convertirte en contenedor del dolor y sufrimiento de otros?

Una solución es crear barreras emocionales más fuertes. Ponerte un traje para materiales peligrosos psicológicos para protegerte contra el sufrimiento que no quieres atrapar. He visto cómo muchos adoptan esta aproximación en profesiones que implican ayuda, como en sector de la salud, trabajo social o enseñanza.

Si tú también te sientes abrumado por lo mucho que estás afectado por las emociones de otros, me gustaría compartirte otra alternativa para preservar tu bienestar: Duplica tu capacidad empática. En lugar de tratar de hacerte inmune al estrés de otras personas, incrementa tu susceptibilidad para captar su alegría.

Los beneficios de la empatía positiva

Mientras que la moderna ciencia psicológica se ha centrado primariamente en la empatía para estados negativas, un nuevo campo de investigación llamado “empatía positiva” muestra que también es posible atrapar la alegría.

Puede que hayas visto estudios mostrando que ver a otras personas sufrir puede activar el sistema de dolor de tu cerebro. Resulta que tu cerebro también puede resonar con emociones positivas, por ejemplo, cuando atestiguas la buena fortuna de otros, puede activar tu propio sistema de recompensa.

Es más, esta clase felicidad contagiosa puede ser una importante fuente de bienestar. La tendencia a experimentar empatía positiva está ligada a una mayor satisfacción con la vida, paz mental y felicidad. También está asociada con mayor confianza, apoyo y satisfacción en relaciones cercanas.

También, aquellos a tu alrededor pueden beneficiarse de tu regocijo. Un estudio examino la experiencia de alegría empática en profesores de catorce diferentes estados de EEUU. Los profesores que tenían más experiencias frecuentes de empatía hacia sus alumnos se sentían más conectados a ellos. Esta actitud positiva los encaminó a interacciones más positivas con los alumnos. Así fue fue observado por los evaluadores del salón, así como mayor desempeño académico de los estudiantes.

La empatía positiva no sólo te hace sentir bien sino que puede inspirarte a hacer el bien. La tendencia a experimentar alegría empática está asociada con un mayor deseo de ayudar a que otros prosperen y con una mayor disposición a accionar para hacerlo. La empatía positiva también aumenta la calidez que se experimenta al ayudar a otros –haciendo más sostenible la compasión.

alegría empatía positiva

Busca pequeños momentos de alegría

La alegría es una palabra aparentemente grande, de forma que tendemos a buscar expresiones clásicas de alegría “grandes” como amplias sonrisas, exclamaciones de deleite, abrazos y aclamaciones. El tipo de alegría que asociamos con propuestas de matrimonio o ganadores de la lotería.

Un potencial para ver la alegría

Sin embargo, existen otras formas de alegría a nuestro alrededor. Mientras comienzas a buscar por alegría, notarás cada vez más y más. Hay alegría en los placeres, simples o sublimes, como el disfrute de un desayuno delicioso, escuchar música o el gozo de cargar a un bebé. En el propósito, en cómo se siente contribuir, trabajar duro, aprender y crecer. Hay alegría al sentirse conectado con algo más amplio que tú, estar con la naturaleza, con la familia o con tu fe. En la maravilla –estar conscientes, experimentar nuevas cosas, sentir asombro o sorpresa.

Hay alegría al saberse reconocido y apreciado por otros –sentir lo tienes que ofrecer y sabiendo que importas. Al ser la mejor versión de ti mismo. Lo bien que se siente usar tus fortalezas al servicio de algo que te importa, o al expresar tus valores más profundos. Hay alegría al tener tus necesidades satisfechas –ser ayudado, escuchado o acogido. En las risas, especialmente cuando son compartidas y especialmente cuando ocurren cuando parece que todo se está desmoronando.

Estas son algunas de las posibles alegrías que puedes atestiguar. Puedes mantener tus ojos abiertos a ellas. Puedes aprender de las muchas posibilidades que tiene esta alegría en tus momentos ordinarios e incluso en tus circunstancias difíciles.

Finalmente, pienso de esta forma de la alegría empática: como un recuerdo que te permite mantenerte involucrado con tu vida cuando las cosas van bien, pero también cuando hay dificultad. No es sólo una práctica de celebrar o amplificar lo bueno; también nos permite mantener la esperanza cuando enfrentamos la realidad del sufrimiento de necesidades no satisfechas.

Cómo reconocer la alegría

¿Qué pasa si justo ahora, tu radar de la empatía parece que sólo capta señales de estrés y no puede resonar con la felicidad de otros? Puede que incluso experimentes lo apuesto a este regocijo: envidia por logros de otros, aislamiento por la felicidad de otros ya que te recuerdan la buena fortuna que anhelas o no tienes.

Si es así, no estás solo. Filósofos y psicólogos han observado que para muchas personas, la empatía por emociones negativas es más instintiva que aquella por estados positivos.

Afortunadamente, no tienes que depender únicamente de tus instintos; la alegría empática o regocijo puede ser cultivado. En la psicología budista, el regocijo es uno de los cuatro brahmaviaharas (actitudes sublimes), junto con la ecuanimidad, el amor bondadoso y la compasión. Como otros estados mentales, la alegría empatía puede ser deliberadamente entrenada como una forma de profundizar tu sabiduría y bienestar. Con práctica, puedes fortalecer tu capacidad de notar, resonar y celebrar la felicidad de otras personas.

Aquí te comparte cinco de mis prácticas diarias favoritas para cachar la alegría. Mientras fortaleces tu intención de notar la alegría, seguramente descubrirás tus formas preferidas de atestiguar y compartir la felicidad con otros.

Ve jugar a un animal o niño

Deléitate con su alegría, energía y asombro. Permítete sonreír o reírte mientras su gracia despierta un espíritu similar en ti.

Ve a atletas, artistas o cualquier tipo de competición sin tomar partido

Aprecia el esfuerzo, la habilidad o destreza de los competidores –y celebra la alegría de quienquiera que gane. Siente alegría por su logro y ve cómo celebran con otros. Ve si puedes extender tu regocijo hacia cómo se sientes al compartir ese momento con amigos, familia, entrenadores o compañeros de equipo.

Ayuda a alguien a celebrar su felicidad

Si alguien comparte buenas noticias, pídele que te cuente más y escucha a esa persona con todo tu corazón. Si te das cuenta de un logro en la vida de una persona, escríbele un correo o publicación de Facebook para felicitarla. Ve más allá de las felicitaciones pre-fabricadas y realmente permítete sentir la alegría de ayudar a alguien a disfrutar lo positivo que ocurrió en su vida.

Nota lo bueno de otros

Fíjate la meta de notar las muestras de las fortalezas de otros como bondad, honestidad, valentía o perseverancia. Toma alegría al ver lo bueno. Permítete ser inspirado o inspirada por sus actos para tú también actuar virtuosamente.

Permite que alguien más haga algo amable para ti

Puede que esto no parezca una práctica de regocijo, pero se vuelve una cuando comienzas a poner atención a la alegría que detona en la otra persona. A veces nuestra incomodidad al recibir amabilidad o temor a ser una carga para los demás, se entromete en el camino de ver esa alegría.

Tal como lo escribe Pema Chodron en su libro “Los lugares que te asustan”:

Regocijarte por cosas ordinarias no es sentimental o trivial. Realmente requiere valor. Cada vez que soltamos nuestras quejas y permitimos la buena fortuna cotidiana nos inspire, encontramos en el mundo del guerrero. Podemos hacer esto incluso en los momentos más difíciles. Todo lo que vemos, oímos, probamos y olemos tiene el poder de hacernos más fuertes y animarnos.

Desde este punto de vista, se vuelve posible abrir nuestros corazones a lo que en un primer momento puede experimentarse como vulnerabilidad. Permitir que nuestra capacidad natural a empatizar nos conecte tanto con el dolor como con la alegría de otros y confiar en esta capacidad es una bendición, no una carga.

 

Artículo original publicado en Greater Good Science Center. Leer original AQUÍ. Traducción: Instituto Cultivo

 

2018-10-02T22:17:30+00:00