Me cuesta meditar: Confesiones de un mal meditador

¿Por qué me cuesta meditar? Christine Carter sabe que la meditación es buena para ella- pero la evita. Aquí nos comparte cómo está intentando cambiar eso.

Por: Christine Carter.

Cuando estaba en preparatoria, mi consejero llamó a mis padres para recomendarles un tratamiento especial para mi ansiedad: Meditación Trascendental. Era una perfeccionista tan ansiosa que a veces tenía asma provocada por el estrés.

El Sr. Mulligan no era, ni es ahora, un buscador espiritual “new-age”. Él es un educador acérrimo de Nueva quien sorprendentemente, se convirtió en vaquero de California.

Con actitud dudosa me senté junto a mi maestro de meditación e intente enfocarme en el mantra que me dio, el que por cierto nunca entendí. Estaba muy intimidada por el maestro como para pedir claridad. Me dijo y le creí, que si practicaba la meditación dos veces al día por seis días seguidos, comenzaría a experimentar una calma tan profunda que ya no estaría estresada o agotada.

Eso sonaba muy bien.

Desde la preparatoria, he aprendido muchos otros tipos de meditación. He tomado clases con famosos budistas y estudiado en programa de Reducción del Estrés basado en Mindfulness. He probado todas las aplicaciones de meditación. Hasta di una conferencia con su Santidad, el Dalai Lama en el verano.

Beneficios de la meditación

Me quede interesada en la meditación y continúo intentándolo porque muchos estudios señalan que sus beneficios son amplios y profundos. La meditación disminuye nuestro estrés y ansiedad, nos ayuda a enfocarnos y nos hace más productivos. También nos hace más saludables. Después de meditar diariamente por ocho semanas, los participantes de las investigaciones tenían 76% menos de probabilidades de faltar al trabajo, comparados con lo que no meditaban. Y si se contagiaban de una gripa, duraba sólo cinco días en promedio; en comparación a los ocho días del resto de las personas.

Yo creo en los beneficios de la meditación. Es más, creo que la meditación tiene la llave de mi crecimiento personal y espiritual. Pero no he podido practicarla realmente en mi vida cotidiana.

me cuesta meditar

Esta es la verdad: A pesar de todo mi entrenamiento, a pesar de saber sus beneficios, me cuesta meditar y nunca lo he hecho dos veces al día por seis días consecutivos, como me fue enseñado originalmente. (Lo he hecho como parte de un largo retiro de meditación, pero nunca en mi vida cotidiana).

Esta desconexión me estaba volviendo loca. Es una parte de mi vida que hasta hace poco, no había entendido. ¿Por qué?

¿Por qué me cuesta meditar?

Este es mi nuevo descubrimiento: me cuesta meditar porque estoy asustada en un nivel profundo.

Cuando nos enfrentamos a una conducta que desafía tanto nuestra lógica como nuestro deseo (ej. sabía por qué meditar era bueno para mí y quería tener una práctica regular), generalmente el miedo es el obstáculo.

No es que me sintiera asustada de meditar, así como puede que tú tampoco te sientas asustado de lo que sea que no estás haciendo. Un miedo es un riesgo o peligro percibido, real o no. Después de todo ¿qué tenía de riesgosa o peligrosa la meditación?

Resulta que más de lo que pensaba inicialmente.

Soy una perfeccionista en recuperación. Me resulta incómodo tan sólo el pensamiento de no trabajar, no lograr, no luchar por algo. Cuando escarbé profundamente, pude ver que hay más. Estoy un poco aterrorizada de ese vacío que, para algunos, es el punto de la meditación. Esa calma. Esa vacuidad.

Miedo a la calma – Me cuesta meditar

Puede que entienda intelectualmente los muchos beneficios de la meditación, pero en el momento se siente mejor revisar mi correo electrónico o usar todo el tiempo asignado a mi práctica para ver las noticias en busca del nuevo desastre de Trump, o simplemente empezar a trabajar cada mañana.

Estas cosas no son necesariamente el mejor uso de mi tiempo, pero son más fáciles que dedicarme a la quietud que le haría tanto bien a mi salud mental y física.

me cuesta meditar

Esto es lo que me asusta: ¿Qué pasa si no hago lo suficiente hoy? Esto podría parecer superficial, pero es la punta del iceberg de un miedo humano: ¿Qué tal si no soy lo suficientemente buena? ¿Qué pasa si simplemente no soy suficiente?

▶︎ Lectura recomendada ¿Cuándo debería meditar y cuándo relajarme?

Siempre puedo convencerme (lógicamente) de que soy suficiente; hay un montón de evidencia de mis logros. Pero en el fondo hay algo más, tal como me han enseñado 30 años de evitación. De alguna forma, mis logros no son suficientes para que sienta paz interna; nunca son suficientes. El cuidador de hospicios Stephen Levine escribe cómo tristemente, muchas personas sienten esto en su lecho de muerte.

“Ya sea si su sueño era el estrellato, un libro publicado, encontrar a su verdadero amor, vencer su temperamento, ellos creían que su vida estaba incompleta”

Los retos de la meditación

Ah. Hmm. La meditación me pide dejar ir todos los tributos a mi valía, mi identidad basada en el ego. Esto es más o menos la meta de todas las prácticas de meditación que he aprendido: dejar ir esas cosas externas y regularmente basadas en estatus que pensamos que nos hacen valiosos.

Me cuesta meditar porque la meditación me pide que pare –por 20 minutos dos veces al día- de ser una mamá, esposa, amante, amiga, socióloga, autora, conferencista, coach, maestra. Renunciar al éxito en favor de la paz. Esto es totalmente atemorizador para personas como yo.

He tenido dificultad para meditar regularmente por las últimas tres décadas porque mi creencia de que debo meditar es intelectual, cognitiva. Pero mi evitación de hacer –mi miedo a no ser suficiente- es emocional. Y las emociones siempre triunfan sobre la lógica.

Sé que no estoy sola en esto. Muchas personas no hacen las cosas que saben que les harían más felices o saludables.

Trabajar con el miedo

Así que en lugar de decirme a mi misma miles de razones más por las que debería meditar, trabajaré con mi miedo en un nivel emocional. Sé cómo domar al miedo. Aquí te explico cómo en caso de que quieras trabajar con un miedo tuyo:

1. Nómbralo para domarlo.

En lugar de negar que estás enojado, ve al miedo a los ojos. Dale un nombre. En mi caso: miedo a no ser suficiente.

2. Reconfórtate tú mismo.

Comienza por exhalar profundamente, que es la clave para calmar al sistema nervioso.

Ahora piensa en lo que te haría sentir más seguro. ¿Qué podrías hacer para confortarte en este momento? (Ya sé, una copa de vino suena bien. Ese no es el tipo de apoyo del que estamos hablando ahora, querido amigo.) A mí, me gusta recitar esta parte del poema titulado “Gansos Salvajes” de Mary Oliver.

“No tienes que ser bueno.
No tienes que caminar sobre tus rodillas, arrepintiéndote,
durante cien millas a través del desierto.
Sólo tienes que permitir que el suave animal de tu cuerpo
ame aquello que ama.”

3. Da un paso de bebé.

Rompe la conducta que estás evitando al hacer una acción tan pequeña que no se sienta necesario resistirse. Voy a meditar por tres minutos. Sé que tengo tres minutos y no se siente aterrador.

¡Eso es! ¡Eso es lo que haré! Y ya comienzan a verse los resultados: La meditación se vuelve cada vez más parte de mi vida diaria, ya no me cuesta meditar como antes.

La meditación me permite practicar al bajar los pesados trofeos que dicen que soy “suficiente”. Por algunos minutos cada día, puedo dejar el mundo del éxito y el estatus e ir a casa a ser quien realmente soy: amor, aceptación, conexión.

Rico Iyer escribe en “El arte de la quietud” que “quedar atrapados en el mundo material esperando encontrar la felicidad tiene tanto sentido como entrar a un incendio esperando no quemarse”

He llegado a ver que no hay tal como un mal meditador; sólo hay una persona que o ve su experiencia interna para revisar que está presente, o no lo hace. Para mí, por fin he visto que ver hacia dentro no es tan atemorizador como creí que era y es una forma segura no quemarme.

Este artículo fue publicado por el Greater Good Science Center en abril de 2017. Leer original AQUÍ. Traducción: Instituto Cultivo.

2019-01-13T18:20:01+00:00