La elegante simplicidad del amor budista

El amor budista y sus manifestaciones como compasión, regocijo y bondad.

Por: Zach Beach.

Siempre hieres a las personas que amas. Las relaciones requieren trabajo. El matrimonio es complicado. No puedes amar a otros si no te amas a ti mismo primero.

Para una persona occidental, la experiencia del amor puede ser como una montaña rusa de experiencias desafiantes. De la pasión y el romance hasta el dolor y las rupturas, las altas y bajas de las relaciones íntimas pueden dejarnos a todos un poco cansados.

Pero no forzosamente tiene que ser así. Hay otras formas de pensar y enmarcar el amor en nuestras mentes y corazones. Mientras que los románticos desesperanzados describirán al amor como algo indescriptible, la filosofía budista nos provee con una simple pero profunda definición:

El amor es un anhelo genuino por el bienestar de otra persona

Cuidado genuino

Es muy simple: si cuidas a alguien, le amas. Si alguien te cuida, te ama. Eso es todo. No hay ningún miedo al abandono, inseguridad, mentiras, infidelidad y juegos. Si amas a alguien, quieres que sea feliz. No quieres que sufra. Le deseas bienestar, salud y alegría.

En otras palabras, el amor budista no requiere que estés en una relación íntima.

No tenemos que buscar en todo el mundo para amar al echar un vistazo a través de perfiles electrónicos o ir a citas incontables para encontrar a las persona ideal. Para una persona budista, el amor no se encuentra allá afuera en el mundo, el amor se encuentra aquí dentro en nuestros corazones.

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Las emociones más elevadas

El amor budista es como un rio. La fuente del rio es nuestro corazón y nuestra infinita capacidad de amar. El camino al rio es nuestra atención y nuestra habilidad de dirigirla conscientemente a las personas que amamos. Así como nuestro rio del amor fluye a través de las personas en nuestras vidas, tanto nuestro amor como la persona que amamos son transformadas.

Estos conceptos son descritos en las enseñanzas de las Brahma Viharas, virtudes nobles que simbolizan las emociones más elevadas que alguien pudiera experimentar. Estas cualidades nobles surgen cuando nuestro amor toca a otros.

Cuando nuestra preocupación genuina toca a una persona que está sufriendo, nuestro amor se transforma en karuna, o compasión. Su dolor se convierte en nuestro dolor y experimentamos lo que las escrituras budistas llaman “temblor del corazón puro”, y el deseo de que esta persona se vea aliviado de su sufrimiento.

Cuando nuestro amor toca a alguien a quien le está yendo bien en la vida, se convierte en metta, o amor bondadoso, un anhelo de que esa persona sea feliz. Metta se describe regularmente como una “amabilidad imparable” o una buena voluntad rebosante en la que cuidamos de una persona y queremos lo mejor para ella o ellas.

Por último, cuando nuestro amor toca a alguien que tiene éxito y es feliz, nuestro amor se convierte en mudita, o alegría empática. En mudita, nuestra felicidad es su felicidad.

Con este entendimiento, nuestro amor se vuelve muy fácil. Cuando amamos a alguien, nos preocupa su bienestar, queremos lo mejor para esa persona, queremos que sea feliz. Si está sufriendo, experimentamos compasión. Si están bien, experimentamos bondad. Si les va bien, nos regocijamos.

Simplificar nuestro amor

Un monje describió un jardín Zen como “no vacío, sino abundadnete en simpleza”. Ver la elegenate simplicidad del amor budista clarifica un amplio terrero de potencial para nuestros corazones.

Podemos extender nuestra atención amorosa a otros con libertad y apertura, desde nuestros amigos, a nuestros colaboradores e incluso a extraños en la calle.

No tenemos ninguna razón para limitar nuestro amor. Podemos amar a otros con mayor facilidad y también cultivar un amor profundo hacia nosotros mismos. Incluso podemos sostener en los brazos de nuestro amor, el dolor de otros y el propio, a través de la bondad y la compasión.

Tal como el sol ofrece su luz tan libremente, podemos iluminar el mundo con este amor. Al reconocer que todos los seres humanos queremos ser felices, podemos permitir que nuestro rio de amor cubra el mundo entero con amabilidad y compasión.

Nada puede compararse con este amor universal.

Tal como lo dijo el Buddha, “este estado del corazón es lo mejor en mundo”

Permite que tu amor crezca

Pero no tenemos que ser budistas para incorporar estas ideas a nuestras vidas. Sólo necesitamos un corazón abierto. Durante las temporadas más desafiantes de amor y pérdida, pasión y traición, conexión y abandono, deseo y aburrimiento, podemos permanecer enrizados en nuestros corazones, en un amor que siempre está disponible.

Nuestro amor perfecto simplifica nuestras relaciones imperfectas, al ya no complicarlas o confundir la conexión verdadera con la codependencia o el apego. La simplicidad no se encuentra al eliminar los desafíos de la vida, sino al navegarlas con elegancia y gracia.

 

Este artículo fue originalmente publicado en The Huffington Post el 14 de junio de 2017. Leer artículo original. Traducción Instituto Cultivo.

2018-10-07T23:28:10+00:00