¿Es lo mismo aprender conceptualmente de la meditación que practicarla?

Por: Wendy Hasenkamp.

En mi propia experiencia con la meditación, regularmente me he preguntado sobre la diferencia entre leer un análisis profundo o conjunto de instrucciones, escuchar a un maestro inspirador y sentarse en el cojín para meditar.

Estas actividades variadas representan diferentes formas de integración de información a nuestras mentes y corazones –en concreto, diferentes formas de aprendizaje.

¿Es más efectivo un estilo que otro? En el dominio de la ciencia contemplativa, esta pregunta se torna realmente importante mientras que se desarrollan intervenciones con meditación en una amplia gama de escenarios.

¿Aprender conceptualmente acerca de la meditación es suficiente para el cambio de comportamiento o se necesita de práctica?

He platicado de esto con algunos maestros experimentados. Algunos tienen una idea de que el aprender de forma didáctica, a través del estudio y el debate, es importante para generar las condiciones para el aprendizaje experiencial que ocurre en el cojín.

Tal vez es a través del estudio que construimos el andamiaje cognitivo que facilita la toma de conciencia que surge de la experiencia directa. Al mismo tiempo, muchos de nosotros somos familiares con cambios en el entendimiento que surgen de escuchar una conferencia o leer un libro.

¿Hay alguna forma de examinar estos efectos de forma experimental? Investigaciones de la comunidad del Mind&Life han adoptado esta pregunta al examinar los efectos de la práctica de meditación experiencial en comparación con el aprendizaje didáctico.

Entrenamiento en mindfulness ¿conceptual o práctico?

En un estudio publicado por PLOS One, Amishi Jha de la Universidad de Miami, evaluó la efectividad de diferentes estilos de entrenamientos en mindfulness en resultados relacionados con la atención.

Descripción del estudio

Los participantes eran soldados que llevaban varios meses de entrenamiento intensivo de pre despliegue. En un periodo de gran estrés y demando como este, las capacidades atencionales regularmente se reducen.

El estudio dio un entrenamiento en formato corto de mindfulness (8 horas en 8 semanas) a estos participantes con la esperanza de ayudarles a mantener su capacidad atencional a pesar de este ambiente estresante.

El entrenamiento fue facilitado de dos formas. Un grupo tenía más enfoque en la parte experiencial, con una facilitadora que priorizaba las instrucciones con respecto a la vinculación con ejercicios de mindfulness (grupo de práctica). El segundo grupo estaba más enfocado en lo didáctico. Estos participantes tenían a la misma facilitadora pero ella priorizó la instrucción de los principios básicos de neuroplasticidad, estrés, resiliencia y auto-regulación del sistema nervioso autónomo (grupo de discusión).

Ambas clases recibieron el mismo manual y tuvieron los mismos requerimientos para la práctica de mindfulness fuera de la clase. Así, la principal diferencia fue el material que presentaba la facilitadora y el tiempo invertido en práctica en conjunto durante la clase.

Habían dos grupos adicionales de comparación que no recibieron entrenamientos en mindfulness: otro grupo militar y un grupo de civiles.

Los participantes fueron evaluados antes y después de las 8 semanas de entrenamiento utilizando una prueba computarizada de atención.

Esta prueba es muy demandante ya que requiere atención sostenida y responder a una serie de números cambiantes durante 15-20 minutos. Es fácil para alguien el perder la concentración es estas condiciones y mucho más estando bajo estrés. Los investigadores midieron la atención mediante la precisión y rapidez de las respuestas.

Los resultados de la intervención

Después de las 8 semanas de actividades pre despliegue, el desempeño en la prueba se volvió peor en los participantes militares que no recibieron ningún tipo de entrenamiento en mindfulness. Estos resultados eran de esperarse dado el alto nivel de estrés al que el personal militar se enfrenta durante este tiempo.

En comparación, el grupo de civiles viviendo su vida normal no mostró degradación su atención después de las 8 semanas.

¿Y qué hay de los grupos de mindfulness? Las personas en el grupo de discusión –quienes aprendieron a través de lecturas y debates, con relativamente poca práctica de mindfulness- mostraron déficits en la atención después de las 8 semanas, justo igual que el grupo militar que no recibió entrenamiento.

Sin embargo, aquellos del grupo de práctica –quienes habían enfatizado en la práctica de ejercicios de mindfulness durante la clase- no mostraron ningún declive en la atención, a pesar de haber tenido la misma experiencia estresante que los otros participantes militares.

Los investigadores concluyeron que vincularse con una práctica de meditación pudo haber reforzado el desempeño atencional a pesar del ambiente intensivo, protegiendo a estos participantes de la degradación normal que ocurrió en otros grupos militares.

Entrenamiento en Amor Bondadoso

El segundo estudio que habla acerca de la pregunta de los “modos de aprendizaje” utilizó una aproximación experimental similar, pero examinó el efecto de la meditación en amor bondadoso en relaciones intergrupales y sociales.

Conducido en la Universidad de Yale por Yoona Kang y publicado en el Journal of Experimental Psychology: General, el principal resultado de este estudio fue la evaluación de sesgos implícitos hacia dos grupos estigmatizados: personas afro descendientes y en situación de calle.

La pregunta fue si tener una práctica de amor bondadoso –cuya meta es cultivar sentimientos de calidez y aceptación hacia uno mismo y hacia los demás- podía reducir subconscientemente los sesgos hacia estos grupos.

Descripción del estudio

El estudio comparó a personas que fueron asignadas al azar a uno de tres grupos: participantes practicando meditación de amor bondadosos en una clase de 6 semanas (grupo de práctica), aquellos que asistirían a una clase de 6 semanas de amor bondadosos guiado por el mismo facilitador pero sólo involucrándose en discusiones del tema sin práctica (grupo de discusión) y un grupo de se había registrado pero aún no atendía a ninguna clase (grupo control).

Antes y después de las clases de 6 semanas, los participantes tomaron una prueba computarizada diseñada para evidenciar asociaciones implícitas.

Al aparear conjuntos de estímulos (ej. palabras negativas o positivas apareadas con rostros de personas de diferentes grupos raciales o sociales) y medir su tiempo de reacción, los investigadores fueron capaces de evaluar los sesgos sociales que podían estar operando debajo del nivel de la conciencia.

Los resultados de la intervención

Después de las 6 semanas, el estudio encontró que los sesgos implícitos contra personas afro descendientes y en situaciones de calle se redujeron comparados con los niveles de base, pero únicamente en aquellas personas que practicaron amor bondadoso.

Aquellos en el grupo de discusión y el grupo control no mostraron cambios en términos de sus sesgos implícitos. Kang y sus colegas concluyeron que “la meditación en amor bondadoso puede mejorar automáticamente actitudes implícitas hacia grupos sociales estigmatizados”.

Dado que este estudio únicamente evaluó a los participantes al final de las 6 semanas, se requerirán más estudios para determinar la longevidad de este efecto.

Así que una vez más, tenemos evidencia de que es la práctica de la meditación lo que genera el cambio –esta vez en una forma importante de cognición social. Los métodos didácticos y de discusión no parecen tener el mismo efecto que involucrarse en ejercicios de mente y cuerpo de contemplación cuando se trata de alterar hábitos mentales profundos.

La importancia de diseños fuertes en las investigaciones

Estos estudios sobresalen no únicamente por sus resultados que indican la importancia de la práctica sino por la calidad de sus diseños experimentales.

En ambos casos, el grupo de discusión funcionó como un grupo control activo. Esto significa que los participantes fueron expuestos a muchas de las experiencias potencialmente benéficas que el grupo de práctica, exceptuando por la meditación.

Tomar en cuenta estas variables adicionales es esencial en la investigación contemplativa. Es importante evaluar a un grupo de comparación que está expuesto a estos otros aspectos de la intervención en meditación, pero sin la práctica contemplativa.

Los grupos control activos se han convertido en parte de un estándar de calidad en la ciencia contemplativa y estoy complacida al ver el comienzo de la utilización de este tipo de diseños cuidadosos para el análisis de diferentes formas de aprendizaje. Gracias a la utilización de estos controles, la investigación apoya fuertemente la idea de que la práctica de meditación es más efectiva –al menos en términos de fortalecer la atención y cambiar sesgos sociales- que leer o discutir sobre conceptos relacionados.

Aprender haciendo

De muchas formas, estos resultados no son sorprendentes y son consistentes con la intuición de los maestros con quienes he hablado. Parece haber algo especial acerca de la experiencia directa en términos de sus impactos en el aprendizaje.

Tal como menciona Aristóteles, “aquellas cosas que tenemos que aprender antes de hacerlas, las aprendemos haciéndolas”.

Por ejemplo, imagina leer muchos libros sobre naranjas, cómo se ven, huelen, se sienten y saben y compartiéndolo con otros. Ciertamente tendrás conocimiento. Pero este tipo de entendimiento es débil comparado con la experiencia inmediata de tomar, oler, ver y comer una naranja.

De alguna forma, la percepción directa es más simple y rápida que todas las lecturas y discusiones que podamos hacer. La misma comparación puede hacerse en el aprendizaje de una nueva habilidad, como andar en bicicleta.

La experiencia directa es la primera forma de aprendizaje

Viéndolo desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano fue expuesto al aprendizaje experimental por milenios antes de que evolucionaran los modos de aprendizaje basados en lenguaje y escritura. De la misma forma, durante el desarrollo individual, leer a través de la experiencia comienza en el vientre, mientras que las estructuras cognitivas necesarias para un aprendizaje didáctico se desarrollan años después.

De esta forma, tiene sentido que nuestros cerebros sean particularmente sensibles a la experiencia directa. Es la forma más básica de aprendizaje.

Sabemos que durante la percepción sensorial (ej. probar una naranja), aprendizaje motor (ej. andar en bicicleta), así como todo tipo de entrenamiento mental que ocurre durante la meditación (ej. construcción de la capacidad atencional o el cambio de tu conceptualización de otros), los circuitos neuronales se re-estructuran.  Tal vez a través de estos de tipos de experiencia directa, los cambios son más efectivos y duraderos que con otras formas de tomar información.

La pregunta de qué ocurre en nuestros cerebros durante estos modos de aprendizaje aún está abierta para futuras investigaciones. Pero por ahora, podemos tomar la simple lección que nos dan estos estudios –sin importar si la práctica hace la perfección, puede ser la mejor forma de hacer un cambio.

Artículo original publicado en Mind and Life. Leer original AQUÍ. Traducción: Instituto Cultivo.

 

2018-10-08T20:27:55+00:00