Las ventajas de la tristeza

Por: Steve Hickman

Nunca es divertido, pero la tristeza nos visita a todos en el transcurso de la vida. ¿Qué pasaría si en lugar de resistirnos a ella, pudiéramos darle la bienvenida y escuchar lo que nos quiere decir?

Hace algunos años, mi matrimonio terminó. Habíamos estado juntos por 25 años, es decir, la mayoría de mi vida adulta. Además de la serie de asuntos prácticas displacenteros con los que hay que lidiar durante un divorcio (custodia, dinero, propiedades), yo me enfrentaba a una lluvia de emociones retadoras.

La indignación y el enojo fueron las máscaras que usaba en el mundo. Estas emociones surgían y cesaban como el clima, algunas veces en grandes ráfagas, otras se quedaban durante días, lo hacían en patrones que muy rara vez podría predecir. Aun así, siempre había un trasfondo firme de tristeza –por la pérdida de mis sueños para ese matrimonio y simplemente por el hecho de que yo había deseado, deseado profundamente, algo diferente.

Mi experiencia y mi corazón roto no eran únicos. Parte de ser humano es conocer el peso de la tristeza. […]

En su núcleo, podemos decir que la tristeza es la emoción que surge cuando nos damos cuenta de las verdades desafortunadas de estar vivos: perdemos cosas, las personas se van, la vida es dura y eventualmente todo termina. Y cuando llega la tristeza, llegamos a la inevitable conclusión de “Justo ahora, esto es así”

Debería advertir que aquí estamos hablando de un estado de ánimo triste pero no relacionado con el desorden clínico de la depresión. Si experimentas estas emociones de forma consistente durante varios de días, notas problemas por la falta de energía, al dormir, comer o pensar, entonces tal vez experimentes depresión y sería conveniente buscar un tratamiento adecuado para tu salud.

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¿Por qué huimos de la tristeza?

Aunque no podamos escapar de la tristeza, nuestros cerebros humanos complejos encuentran una forma para liberarse, tal como Houdini lo hace con las cadenas. Nos distraemos, evadimos, nos detenemos abruptamente durante el llanto y nos limpiamos rápidamente las lágrimas. Pero ¿a qué nos estamos resistiendo en realidad?

Si la verdad y la conciencia viven dentro de la tristeza (de la misma forma en que viven dentro de la alegría y satisfacción), ¿cómo sería simplemente contemplar esta verdad? Considerar encontrarnos en medio de la melancolía y ver qué hay ahí para ser descubierto o aprendido.

La práctica de mindfulness trata sobre estar presentes en todo momento, no sólo los únicos placenteros o neutrales. De hecho, ir a los lugares menos cómodos y más oscuros, nos puede llevar a una toma de consciencia poderosa. Además, puede afilar nuestra atención plena y profundizar nuestra compasión, tanto hacia nosotros como hacia otros.

Tal vez podamos permitir que nuestra tristeza sea nuestra compañía el tiempo suficiente para escuchar lo que tiene que decirnos.

Dos extremos de relación con la tristeza

La pérdida, la desilusión y el cambio –estos eventos que pueden generar tristeza regularmente están fuera de nuestro control. Es simplemente la forma en que el mundo es. No importa cuánto intentemos que sea diferente, aun así ocurrirá. Nos entristecemos porque nuestro deseo por algo no ocurrió. Porque nos importan las personas, los momentos e incluso números en una escala. Porque nos importa, porque confiamos, porque nos atrevimos a soñar.

La vergüenza

Algunas veces podemos encontrar las raíces de la tristeza en la vergüenza, lo que podría empezar una espiral destructiva. Cuando algo sale mal, es muy fácil olvidar la inevitabilidad del cambio. Pero si no podemos ver nuestra experiencia en perspectiva, es posible que la tristeza corra fuera de control. “No me gusta esta emoción”, se convierte en “No quiero esta emoción”, que se convierte en “No debería tener esta emoción”, después “Hay algo malo conmigo por tener esta emoción” y por último “soy malo”.

Cuando vivimos en mundo distorsionado de la vergüenza, “Soy malo y defectuoso y por lo tanto, no puedo ser amado”-la tristeza nos puede llevar al asilamiento, la rumiación y la depresión. Así, hacer de la tristeza algo que nos dice cuan mal estamos no es una forma saludable de vivirla. Le estamos dando vueltas a la tristeza, haciendo una ocupación de ella.

La negación

Del otro lado del espectro, podemos negar la tristeza. “Supéralo”, nos decimos con rapidez. No es la gran cosa. No importa tanto después de todo.

La cosa es que sabemos que a lo que nos resistimos, persiste. ¿Alguna vez has intentado no preocuparte? ¿Cómo funcionó eso? Es posible evadir nuestras emociones, construir un camino que le da la vuelta, pasa por debajo o por arriba de las cosas malas. Pero esto sólo genera una calma superficial, con una úlcera volcánica que se desarrolla debajo.

Cuando hablamos de tristeza y de cualquier otra emoción que nos haga sentir incomodidad, podemos dejar ir la resistencia, sin regodearnos o ser indulgentes con ello, simplemente reconociendo la verdad en la situación:

Lo intenté y no funcionó. Ocurrió y duele. Me siento decepcionado, asustado, solo.

Durante mi divorcio, descubrí que cuando me aproximo mi tristeza con ternura, me ayuda a mantenerme concentrado. Me sentía más en calma como resultado. La tristeza fue poderosamente útil y eficaz cuando la dejé ser, con menos lucha.

Cuando tome tiempo para verdaderamente admitir que la tristeza está presente en mí, me permitió regresar a mí, a la persona que realmente soy: Un hombre que simplemente desea ser feliz y estar libre del sufrimiento.

De vez en cuando, cuando estés atrapado en la rutina, permítete tomar un día “triste” para sentir todas tus emociones. Cancela otros planes, escucha música que te nuevo, ve viajes fotos, acuéstate en el sofá, toma una caminata por el bosque. Al final, reconoce que tomaste el tiempo que necesitabas y recuerda que mañana es un comienzo nuevo.

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Honrar la tristeza

La invitación, la aproximación desde la atención plena, es pausar lo suficiente para considerar no sólo la inmediatez del momento de tristeza, sino también lo mucho que valoramos aquello que perdimos, aquello que no obtuvimos o aquello que cambió. Si no obtuvimos la promoción laboral, la tristeza puede ser una señal de cuánto valoramos nuestras contribuciones al trabajo. Quizá la tristeza nos recuerde lo mucho que necesitamos calidez o amistades cuando perdemos una.

No es simplemente “ver el lado positivo”, sino en lugar de ello, recordar por qué nos importante. Si no nos importaran las cosas, no estaríamos tristes al perderlas.

Cómo ser amables con nosotros mismos al sentir tristeza

Del mismo modo, podemos aprender a tener una relación menos dolorosa con la tristeza y comenzamos amigarnos con estas emociones cuando surjan. Una forma de hacer esto es reconocer que estamos sufrimiento en esos momentos y que también merecemos consuelo, calma y autocompasión.

La mayoría de nosotros somos muy buenos cuidando de otros, pero cuando se trata de nosotros, nos negamos la misma compasión.

¿Cómo sería si cuando llegara la tristeza, pudiéramos consolarnos de la forma en que lo hacemos con un amigo? ¿Qué les diríamos? ¿Qué haríamos? ¿Cuál sería el tono de voz usaríamos? Tal vez podríamos decir “Esto es MUY difícil y sé que es doloroso. Aquí estoy para ti” ¿Podríamos hacernos una taza de té y simplemente permitirnos estar con la tristeza? Y ofrecernos esto no para liberarnos del dolor, sino porque es incómodo.

Al ser amables con nosotros en momentos de dificultad, cambiamos la relación que tenemos con el sufrimiento.

Ya no es de resistencia o evasión, sino de aceptación y amabilidad. Al suavizar nuestra relación con una emoción ya que está ahí, eso nos puede permitir voltearnos hacia ella con un grado de curiosidad y con la voluntad de ver qué nos está diciendo. Escuchar nuestra sabiduría interna emergiendo de las sombras de la tristeza.

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Al tratar mi tristeza con gentiliza y respeto, pude admitir que ame a mi esposa y tenía la mejor intención para nuestra unción. Eso me permitió verme en el espejo y simplemente tratarme (y a ella) con amabilidad por la dureza del divorcio.

Cuando soltamos la necesidad de que una emoción incómoda se vaya, encontramos que podemos verla y escucharla cuando dice “esto importa para mí”. Esto está lejos de la rumiación, de regodearnos en ella, o perdernos en nuestra tristeza tomándola personal. Es honrar nuestro viaje por la vida: el amor y las pérdidas, las esperanzas y las desilusiones. En la tristeza, podemos aprender a simplemente apreciar la presencia que este pequeño episodio de sufrimiento como una reflexión de nuestro completitud y nuestra humanidad.

 

Artículo Original publicado en Mindful en abril de 2017. Leer original AQUÍ. Traducción: Instituto Cultivo

2018-10-04T18:12:22+00:00