Un propósito de año compasivo

Por Monica Worline y Jane Dutton.

Ayer comenzamos nuestra reunión de personal con una pregunta para que todos la respondiéramos brevemente. La pregunta era ¿Qué estás haciendo para cuidarte durante esta temporada de feriados?

Al escuchar esta pregunta, una persona inmediatamente rio y grito espontáneamente “¿Estás bromeando? ¿Ser una mamá durante estas festividades? Entre el trabajo, eventos, las compras, las reuniones de intercambio y todo lo demás que tengo que hacer ¿en qué momento quieres que tenga tiempo para cuidarme?”

Muchos de nosotros pudimos resonar con este nivel de estrés. Queremos disfrutar las vacaciones con nuestra familia, pero el trabajo que implica “hacer memorable esta temporada” aumenta un nivel de presión que dificulta saborear la alegría.

El sufrimiento de la temporada decembrina

Las personas sufren durante esta época y regularmente lo hacen en silencio.

Otro miembro del equipo compartió la presión que implica cuidar de un familiar cuya salud declina rápidamente. Dijo que esa era una labor de amor pero que agregaba un sabor a tristeza a las festividades. Regularmente este tipo de fiestas traen a la memoria recuerdos de aquellos a quienes hemos perdido o de eventos difíciles. De hecho, eventos relacionados con el estrés como estos detonan casi la mitad de los episodios depresivos a nivel mundial, de acuerdo a Robert Hales, de la UC Davis Department of Psychiatry and Behavioral Sciences.

Y después hay una presión mayor por un año nuevo y todos los inminentes “propósitos” que surgen. Estos propósitos enfatizan cómo necesitamos ser mejores o diferentes en el futuro. Frente a estos estresores, necesitamos recordatorios de la importancia y poder de la compasión como parte de cualquier propósito.

propósito año

¿Cómo podemos acceder a la belleza y poder de la compasión en medio de esta temporada de estrés, tristeza y presión?

Primero, busca por historias de compasión.

Aquello a lo que atendemos impacta mucho el cómo nos sentimos. Hay una conocida leyenda de un abuelo que cuenta a su nieto que lo que determinará que el lobo que representa al estrés y obscuridad en su mente gane sobre el lobo que representa a la compasión y a la luz, dependerá en a cuál de los dos alimente.

Hay historias de compasión por todas partes, si es que las buscamos.

Leer y compartir estas historias no sólo es una actividad para sentirse bien; ver estas historias de compasión nos enseña nuevas formas de alimentar nuestro lobo interno de la compasión. Una historia que amamos recientemente fue compartida por KindnessBlog: “Cuando mi esposo murió inesperadamente, una colaboradora me cuido y protegió. Todas las semanas durante un año entero, ella me mandaba una carta que decía “Pensando en ti” o “Tú puedes”. Ella salvó mi vida.”

Dos, recuerda que las pequeñas acciones pueden hacer una gran diferencia.

Cuando el esposo de alguien muere inesperadamente, parece que no hay mucho que podamos hacer frente a todo ese dolor y malestar. Pero una colaboradora con un ojo que discierne momentos que requieren compasión, y un simple calendario que permita recordar escribir una nota cada semana puede llegar a ser tan importante que esta mujer escribió “Ella salvó mi vida”

Cuando notes momentos así, haz algo, incluso si parece pequeño. Nunca sabrás cómo un pequeño acto de compasión puede dejar una huella duradera en la vida de otras personas. Nuestras investigaciones muestran que estos aparentemente pequeños momentos son altamente significativos.

Finalmente, proponte hacer interpretaciones más generosa de otras de ti mismo o misma.

En nuestro libro titulado Awakening Compassion at Work, ayudamos a personas a ver cómo regularmente el contexto de trabajo, o el contexto de otras organizaciones como escuelas, lugares de oración u organizaciones comunitarias, sutilmente nos llevan a interpretaciones que facilitan o bloquean la compasión. Por ejemplo, alguien que va tarde en una organización con una política estricta de puntualidad puede ser interpretado fácilmente como irresponsable, haciendo fácil que le neguemos nuestra empatía.

El estrés y la presión de la temporada regularmente nos llevan a interpretar que no tenemos los recursos para afrontar la llegada inesperada de la rareza de alguien o su “mala” conducta que puede surgir del sufrimiento o dolor. Esa interpretación bloquea nuestra compasión. Y la interpretación de que no somos suficientes, que no estamos haciendo lo suficiente, que no estamos viviendo de acuerdo a las expectativas de esta temporada, o que tenemos que arreglarnos con los propósitos de año nuevo y ser diferentes en el futuro, bloquea nuestra compasión hacia nuestra experiencia interna y hacia los demás.

Todos hacemos esto, todo el tiempo. Afortunadamente, herramientas como mindfulness, la conciencia de nuestra respiración y la introspección pueden ayudarnos a cachar estos momentos. Cuando te encuentres diciendo internamente “No puedo lidiar con esto ahora”, pausa por un momento e invítate a hacer una interpretación generosa. Eres valioso. Mereces compasión y también el mundo que te rodea.

Una simple pregunta al inicio de una reunión, abrió la puerta a la plática de formas de despertar nuestra compasión en el trabajo y nos orientó a reflexionar en la necesidad que todos tenemos de propósitos de año nuevo compasivos.

Artículo Original: CCARE Stanford Article