¿Por qué necesitamos experimentar compasión hacia nuestro crítico interno?

Por: Kristin Neff.

Sabemos cómo duele el crítico interno. “Soy un idiota” “Soy asqueroso” “Nadie nunca va a amarme”

Así que ¿por qué lo hacemos? Tan pronto como nos hacemos esta pregunta, solemos generar más auto-crítica. “Soy una desgraciada, incluso conmigo” “Por eso soy un perdedor, siempre me estoy enjuiciando”

No te maltrates por maltratarte con la esperanza de que de alguna forma eso ayudará a dejar de maltratarte.

En su lugar, mejor da un paso hacia atrás y dale a tu crítico interno un descanso. Con su forma inefectiva y contraproducente, esta voz crítica lo que realmente quiere es mantenerte a salvo.

Sistema de amenaza-defensa

Como seres humanos, hemos evolucionado dos sistemas de seguridad.

El más viejo y el que se activa con mayor rapidez es el sistema de amenaza-defensa, que involucra a la amígdala. Cuando experimentamos peligro, nuestra respuesta generalmente es luchar, huir, congelarnos o rendirnos. Es decir, volvemos y luchamos con la amenaza, corremos a toda velocidad lejos de la amenaza, fingimos muerte esperando que la amenaza pase o mostramos vulnerabilidad esperando que la amenaza se aplaque.

Estas estrategias son muy útiles para los animales silvestres, ya que les ayuda a sobrevivir y pasar sus genes. Sin embargo, para los humanos, estas respuestas generalmente complican más las cosas.

Esto es porque la amenaza a la que generalmente nos enfrentamos es una amenaza a nuestro auto-concepto. Confundimos nuestros pensamientos y representaciones de nosotros mismos con nuestra verdadera naturaleza, lo que significa que cuando nuestra auto-imagen está sitiada, reaccionamos como si nuestra existencia misma estuviera amenazada.

Manifestaciones del sistema de amenaza-defensa

Cuando esto ocurre, nuestro sistema de amenaza-defensa usa las mismas estrategias para mantenerse a salvo:

Luchar – nos maltratamos emocionalmente, usando un lenguaje cruel (crítico interno)

Huir – nos ponemos ansiosos e impacientes, huyendo de nosotros mismos al anestesiarnos usando distracciones como comida y alcohol.

Congelarse – Nos quedamos atorados en la rumiación, pensando en nuestros defectos percibidos una y otra vez.

Ceder o rendirse – Admitimos que sí, que somos terribles y aceptamos todos los juicios duros que nos hacemos.

Con gran frecuencia, hacemos una combinación de todas estas estrategias.

Nuestros niveles de estrés aumentan mientras nuestra amígdala activa nuestro sistema nervioso simpático (el que nos estimula para lidiar con amenazas) e inunda nuestro sistema con adrenalina y cortisol. Y es doble golpe porque cuando nos criticamos a nosotros mismos, somos tanto el atacante como el atacado.

Este tipo de estrés crónico puede llevarnos eventualmente a la ansiedad y la depresión, perjudicando nuestro bienestar físico y emocional.

autocompasión crítico interno

Aun así, es importante recordar que cuando nuestro crítico interno ataca, en el fondo está tratando de protegernos del peligro. Marshal Rosenberg, autor del libro Comunicación No Violenta, dijo que:

 La auto-crítica es la “expresión trágica de una necesidad insatisfecha”

Es trágica porque la auto-crítica nos hace sentir horrible y no nos motiva efectivamente hacia el cambio productivo. Pero si observamos detenidamente, a nuestro crítico interno le importamos. Hay alguna necesidad de seguridad que está tratando de satisfacer. Nuestro crítico interno quiere que seamos felices, pero no conoce una mejor forma de hacerlo.

Supongamos que te criticas por no ir al gimnasio, llamándote “floja” y “vaga”. Hasta cierto nivel, tu crítico interno está reaccionando por la preocupación de que si no vas al gimnasio, no tendrás salud y serás rechazada por las otras personas.

Podemos ser amables y compasivos hacia esta parte de nosotros, porque en algún punto tiene las mejores intenciones en el corazón. Y lo creas o no, al ofrecerle compasión a la voz crítica, nos estamos moviendo del sistema de amenaza-defensa hacia otro sistema de seguridad.

Sistema de apego y afiliación

Como mamíferos, también evolucionamos un sistema de apego y afiliación como estrategia para la supervivencia. Los mamíferos tenemos una capacidad innata para ser calmados con calidez y afecto.

El sistema de cuidado desactiva nuestro sistema nervioso parasimpático (reduciendo el cortisol) y activa el sistema nervioso parasimpático, que nos calma. Esta ruta para la seguridad emocional es mucho más efectiva –reduce el estrés y la ansiedad en lugar que exacerbarlas. Y nos aporta el balance emocional necesario para tomar decisiones sabias, incluyendo hacer cambios si es necesario.

Así que la siguiente vez que te encuentres en medio de la auto-crítica dura, en lugar de maltratarte por estarte maltratando, agradécele a tu crítico interno por sus esfuerzos y después intenta una estrategia en la que te ofrezcas compasión. Es mucho más efectiva y muchos menos dolorosa.

 

Artículo original publicado en The Huffington Post. Leer artículo original. Traducción Instituto Cultivo.

2018-09-27T11:31:36+00:00