La empatía es buena… pero puede dañar tu salud.

Qué es la empatía (emocional y cognitiva) y cómo puede aportar la compasión.

Por: Jennifer Breheny Wallace.

Tu esposo no obtuvo una promoción en el trabajo y se siente triste. El cáncer de mama de tu amiga regresó. Tú sientes su dolor como una esposa y amiga que les apoya. Diversas investigaciones sugieren que hay un costo por todo ese cuidado.

La empatía es la habilidad para sintonizar y compartir la emoción de otra persona desde su perspectiva. Ésta juega un papel crucial al unir a las personas. Es la alegría que sientes en la boda de uno amigo o el dolor que experimentas cuando ves a alguien sufrir.

De acuerdo a Robin Stern, director asociado del Centro de Yale para la Inteligencia Emocional, se trata de un ingrediente esencial para construir intimidad en las relaciones. “Cuando alguien se siente visto y escuchado por ti, comienzan a confiar en ti”

Los inconvenientes de la empatía

Pero esta aparente emoción positiva también puede tener un inconveniente. Particularmente si alguien se consume por las emociones de otros a tal punto que descuida sus propios sentimientos y necesidades. Stern afirma que aquellos que regularmente priorizan las emociones de otros sobre las suyas, son más susceptibles a experimentar ansiedad o depresión de bajo nivel.

“Cuando pensamos en la fatiga por empatía, generalmente la asociamos a aquellas personas que tienen profesiones de ayuda, como enfermería, medicina o trabajo social. Pero todos nosotros regularmente tenemos roles de ayuda o cuidado, ya sea cuidando a un familiar enfermo, a un hijo o a un amigo que pasa por un momento difícil”, dice Jamil Zaki, profesor asistente de psicología en la Universidad de Stanford.

“Apoyar a aquellos a quienes cuidamos está dentro de nuestros roles más importantes y valiosos, pero también es uno riesgoso. Queremos estar ahí para alguien pero no perdernos en el proceso”, afirma Zaki.

Impacto de la empatía en el cuerpo

En un estudio publicado el año pasado en el Journal Health Psychology, el equipo de investigación estudió los efectos de la empatía parental en 247 pares de padres y adolescentes. A través del uso de pruebas sanguíneas, respuestas de cuestionarios y entradas de un blog diario, los investigadores encontraron que la empatía parental estaba altamente correlacionada con mayor bienestar psicológico y fisiológico de adolescentes.

Los padres del estudio también se beneficiaron. Aquellos padres altamente empáticos reportaron mayor autoestima y un sentido de propósito más profundo en sus vidas, que aquellos que reportaron menores niveles de empatía. Pero no todo fueron buenas noticias.

Los investigadores encontraron que mientras más empática era la persona, estaba más propensa a experimentar inflamación crónica de bajo nivel. Los investigadores especularon que “los padres que inmediatamente se vinculaban con las dificultades y perspectivas de otros podrían quedarse vulnerables a otros sucesos, agotando sus recursos fisiológicos para ayudar a otros”.

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qué es la empatía cognitiva

¿Existe una forma más saludable de empatizar?

Los psicólogos describen la empatía de tres formas: de acuerdo a Zaki, puedes pensarla, sentirla o ser movido por ella.

Empatía cognitiva

Entiendes lo que otra persona puede estar pensando y sintiendo. Ejemplo de esto es cuando te relacionas con el personaje de una novela o tomas la perspectiva de alguien durante una negociación de negocios.

Empatía emocional

puedes ponerte en los zapatos de otros y sentir su emoción. Zaki afirma que este tipo de respuesta es la que, de forma desenfrenada, puede llevar a la fatiga del cuidador.

Empatía compasiva

Cuando sientes preocupación por el sufrimiento de otro, pero desde una distancia y con el deseo de ayudar a esa persona que lo necesita. La perspectiva que tomemos al responder al sufrimiento de alguien puede afectar nuestra propia salud y bienestar.

La empatía en el laboratorio

En un estudio reciente publicado en el Journal of Experimental Social Psychology, los investigadores pidieron a más de 200 estudiantes a ayudar a una persona que les dijeron que era un estudiante pasando por una crisis personal. Se le pidió a cada participante leer un ensayo personal en el que se detallaban las supuestas dificultades financieras del estudiante y el estrés que supone ser el cuidador primario de un familiar menor después de la muerte de su madre.

Mientras leían el texto, se le pidió a un tercio de los voluntarios a pensar en cómo esa persona podría sentirse (empatía compasiva), a otro tercio se le pidió que imaginasen cómo se sentiría ser esa persona (empatía emocional); y a un grupo control se le pidió que se mantuvieran desapegados y se mantuvieran objetivos.

Respuesta de “lucha y huida”

Después los investigadores midieron diferentes indicadores fisiológicos, incluyendo niveles de hormona del estrés, ritmo cardiaco y presión sanguínea. Encontraron que aquellos que se habían puesto en los zapatos de alguien más tenían significativamente mayores respuestas de “lucha o huida”. Esto se explica ya que ellos también estaban pasando por un experiencia estresante.

“A lo largo del tiempo”, señala la investigadora principal Anneke Buffone, “la activación crónica de la hormona del estrés cortisol podría llevar a una variedad de problemas de salud como problemas cardiovasculares; un hallazgo que es particularmente significativo para profesionales de la salud que son confrontados diariamente al dolor y sufrimiento de otros.qué es la empatía

La investigación también descubrió que aquellos a quienes se les pidió que reaccionaran al ensayo con compasión –que pensaron en cómo la persona podría estarse sintiendo pero no compartieron la emoción- tuvieron una respuesta positiva y estimulante, como si estuvieran frente a un reto que era alcanzable.

“La gente asume que cualquier tipo de empatía está asociada a beneficios de salud y de conducta. Sin embargo, por primera vez tenemos evidencia física que no toda la empatía es igual. Sus efectos positivos o negativos dependen de la perspectiva que tomes”, dice Buffone.

“Las investigaciones neurocientíficas de la empatía muestran que si estás empatizando con una persona que tiene dolor, ansiedad o depresión, tu cerebro mostrará una activación muy similar a los circuitos del cerebro que la persona con quien estás empatizando”, apunta Richard Davidson, profesor de psicología y psiquiatría de la Universidad de Wisconsin en Madison.

Los aportes de la compasión

La compasión por otra parte, activa una parte diferente del cerebro, áreas asociadas con la motivación y la recompensa. De forma que mientras la empatía emocional puede causar dolor y burnout, la compasión te orienta a querer ayudar.

Si bien es posible sentir los tres tipos de empatía a la vez, la empatía emocional regularmente es la entrada para experimentar compasión, afirma Davidson. Esto no quiere decir que no pueda haber una mezcla de emociones. Sin embargo, sentir el dolor de la otra persona regularmente es un prerrequisito para experimentar compasión.

Los psicólogos dicen que podemos aprender a regular nuestra empatía, tal como lo hacemos con otras emociones. Incluso transformar la excesiva empatía emocional a una compasión menos estresante. “Quieres sentir con otras personas, pero no es necesario que te quedes ahí”, afirma Stern.

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De acuerdo a Davidson, una forma de mantener la empatía controlada es a través de la meditación en compasión.

“Las investigaciones muestran que estos ejercicios simples realmente afectan tus acciones en el mundo real, haciendo más probable que tengas conductas prosociales y de ayuda”. Transformar la empatía emocional inicial a compasión no significa que te importe menos la persona, dice Davidson. Después de todo “espejear el estado emocional de otra persona que está sufriendo no es del todo benéfico. ¿Qué tipo de asistencia puedes ofrecer cuando tú también estás sufriendo?”

Agrega: “En general, las personas no quieren que sientas su dolor. Lo que quieren es tu ayuda y tu compasión”.

 

Artículo Original publicado por The Washington Post. Ver original AQUÍ. Traducción: Instituto Cultivo