¿Cómo encontrar virtud en un proceso electoral lleno de estrés?

Por: Kelly McGonigal.

¿Crees que las personas tienen una bondad básica?

Para muchos de nosotros, estas elecciones nos hacen esa pregunta más complicada de lo que ya es. Yo estudio y enseño sobre compasión. Me dedico a ver la bondad en otros. De hecho, se podría decir que “encontrar la virtud” es tanto mi nicho profesional como mi más grande refugio personal. Y aun así, estas elecciones están poniendo a prueba mi capacidad para confiar en una bondad básica.

Y no estoy sola en esta prueba. Parece que todas las personas con las que hablo tienen una historia acerca de un punto bajo durante este ciclo electoral. Muchos de ellos experimentan malestar moral.

Esa combinación potente de indignación moral, preocupación por el daño que puede generarse y sentimientos de impotencia acerca de lo que puede hacerse.

Para algunos, el punto más bajo fue el haber visto alguno de los debates. Otros vivieron el límite con la advertencia de votaciones arregladas. Para mí, fue un video del New York Times titulado “Voces infiltradas de las multitudes de Donald Trump”. Vi a compañeros americanos gritar insultos hacia negros, musulmanes y mujeres. Cada estallido parecía ser una liberación eufórica, como si quien lo estuviera diciendo estuviese experimentando una libertad antes suprimida, como diciendo “Este soy yo en verdad”.

Un deterioro en la confianza

Las personas no sólo están frustradas, irritadas o ansiosas acerca de cuál candidato ganará. Más allá de eso, estas elecciones están deteriorando la confianza social. Como lo dijo uno de mis colegas, hay una “degradación en nuestro sentido colectivo de humanidad compartida”.

Más de una persona me ha dicho que por más ofensivos que sean los “memes” que inundan Facebook, se sienten inseguros acerca de quienes en realidad son sus amigos.

También ha colapsado la confianza en nuestro sistema democrático. De acuerdo a una encuesta de Político, 30% de los votantes no están seguros de que su voto sea tomado en cuenta. La pérdida de confianza no sólo se extiende a otros americanos. He escuchado a muchos estudiantes y amigos quienes han perdido la confianza en sí mismos, alarmados por la profundidad de su rabia, juicios y disgusto. Estas elecciones han revelado una parte de sí mismos que no reconocen, dejando su bondad básica en duda.

No puedo evitar el preguntarme,

¿es posible que esto sea lo que realmente somos?

Por supuesto que no necesitas que te diga que estas son unas elecciones estresantes. De acuerdo a la encuesta Harris dirigida por la Asociación Americana de Psicología, 52% de los americanos adultos refieren que las elecciones presidenciales son una fuente de estrés significativa. Para los votantes registrados, el número es incluso mayor. Todas las edades, géneros, razas y grupos étnicos reportan niveles altos de estrés por las elecciones.

A pesar de que he visto estás estadísticas reportadas por otros, la mayoría de los comentarios tratan a este estrés como uno ordinario. La Asociación Americana de Psicología recomienda dejar de ver las noticias y evitar conversaciones políticas que puedan resultar estresantes. Un psicólogo citado por el New York Times recomendó a los lectores distraerse viendo comedias en Netflix. El Washington Post sugirió a los lectores meditaciones de emergencia ante elecciones que podrían ayudar a respirar a través de la angustia generada por publicaciones en Facebook.

Estos consejos no están tan mal si estás buscando aliviar el estrés de forma temporal.

Pero ¿qué pasa si tu meta no es sólo sentirte mejor sino mantener la fortaleza de tu confianza en la humanidad?

¿Qué pasa si tu ansiedad no sólo se trata de ti misma sino del bienestar de las personas que te rodean?

Porque seamos claros: El estrés que sentimos con respecto a estas elecciones puede generar enormes consecuencias a nivel personal y social. El psicólogo Michael Poulin, director del laboratorio para el estrés, manejo y la vinculación prosocial de la Universidad de Buffalo en Nueva York, ha estudiado el efecto de la confianza y desconfianza social en el bienestar físico y mental.

En un estudio en 2015 con adultos de 87 países, documentó que el estar de acuerdo con la frase “La mayoría de las personas son confiables” estaba ligada de forma consistente con una mayor satisfacción con la vida, felicidad y salud. En cambio, la desconfianza estaba vinculada universalmente con el estrés y una salud deficiente.

Steve Cole, investigador de la UCLA, ha encontrado que la confianza social puede tener un efecto en la salud mental y física a través de cambios en la expresión de los genes. La respuesta de las personas a afirmaciones como “Las personas tienen una bondad básica” y “Nuestra sociedad es un buen lugar o se está convirtiendo en un mejor lugar para todas las personas”, estaban ligadas a perfiles genéticos que podrían proteger o incrementar el riesgo de todo entre depresión a afecciones cardiacas. Mientras más decrece la confianza social, el riesgo incrementa. Esta elección puede estarnos cambiando a nivel celular, creando lo que Col denomina la “memoria molecular” del estrés moral.

Mantener el corazón presente

El estrés moral no es como cualquier tipo ordinario de estrés y el poder preservar la confianza social requiere algo más que tomar un baño, ver comedias o incluso meditar.

En lugar de utilizar nuestras estrategias habituales para reducir el estrés, es importante reconocer qué hace a este estrés por elecciones tan tóxico y qué podemos hacer para transformar ese veneno en buena medicina. Para nosotros y para los demás.

Lo que requiere algo más que Atención Plena. Hace el llamado la “presencia del corazón”, el valor para mantenerse vinculados, con el corazón abierto y la determinación para persistir con la confianza que nos conecta. Les ofrezco tres estrategias para transformar el estrés moral en valentía moral, elevación moral y compasión.

1.  Haz algo

Piensa en aquello que más te importa en estas elecciones. Luego, vota. Ya sea si piensas que tu voto contará o no, vota. Vota de forma estratégica. Vota de cualquier forma que te permita decir y saber que hiciste tu parte. Encuentra algo en esa boleta a lo que le puedas decir que sí y te sientas bien con ello.

No te vuelvas presa de lo que los investigadores en compasión le llaman “pseudoineficiencia” –la experiencia de que dado que no puedes hacer todo por ti misma, nada de lo que hagas importa. El voto de nadie cuenta individualmente. Esa no es la forma en que los votos funcionan. Tu voto cuenta en función de que es parte de un colectivo.

Extiende esta mentalidad de la participación colectiva a cualquier acción que puedas tomar en esta línea con tus valores más profundos. No tienes que hacerlo todo. Mientras realizas una acción comprometida, ve a tu alrededor. Nota que no eres la única persona haciéndolo. Esto es algo más grande que tú. Y también te necesita. De esta forma practicas la valentía moral.

2.    Ve la virtud en los demás

¿Existen tanto fuerzas destructivas como virtudes en todos nosotros? Por supuesto. Esa es la complejidad de la naturaleza humana. Pero estas elecciones han oscurecido una de estas partes. Por tu salud mental, necesitas recuperar el balance. Un antídoto para el estrés moral es la elevación moral: atestiguar la bondad de los y las demás.

¿Cómo puedes ver la virtud en otros?

Una fuente que encontré es el proyecto StoryCorps que desde el verano pasado han compartido una serie de audios y vídeos semanales llamados #WhoWeAre. Tal como lo de describe StoryCorps, es un proyecto de “historias verídicas contadas por americanos comunes que cuentan nuestras mejores versiones. Historias que amplifican el amor sobre el odio y la empatía sobre el miedo. Historias que construyen puentes de entendimiento entre personas y nos ayudan a reconocer nuestra humanidad compartida”. Las investigaciones muestran que historias como estas no sólo nos ayudan a sentirnos mejores sino también a experimentar asombro, gratitud y trascendencia.

Un estudio de 2015 encontró que ver un vídeo que inspire elevación moral incrementa los sentimientos de humanidad compartida y conexión hacia otros, incluidos los miembros de los llamados “grupos externos”. Otro estudio encontró que la elevación moral incrementó la esperanza en personas que padecen depresión y redujo su tristeza, ansiedad y experiencia de soledad.

¿De qué otra forma te puedes dar la buena medicina de la elevación moral? Busca, nota y aprecia en tu vida cotidiana los actos virtuosos. Puedes hacer una meta el acto de atestiguar compasión y valentía. Y cuando lo hagas, disfruta la sensación de ser elevado. Permanece presente para la experiencia. Permite que la experiencia llegue hasta tus células y le recuerde a tu ADN que hay bondad en el mundo. También puedes contarle la experiencia a alguien más para que pueda inspirarle.

3.    Practica tu virtud

Busca formas en que puedas hacer una diferencia inmediata en tu comunidad. Comienza ser el punto de partida de aquello que quieres ver en el mundo. Hazlo por ti y por la satisfacción que sientes al contribuir al bienestar de otros, pero también hazlo por los demás que tienen una gran necesidad de elevación moral. Tu impacto puede ser mucho más grande lo que imaginas.

Actualmente estoy enseñando un curso sobre la ciencia de la compasión y la tarea de la semana pasada fue compartir una historia sobre alguna vez que fuiste testigo o recibiste compasión. Algo que me impacto mientras leía las historias fue la enorme oportunidad que existe en el día a día para cambiar la experiencia de alguien con relativamente, poca inversión. Hacer eso puede generar un sentido en la persona mucho más amplio de lo que podríamos imaginar al hacer el gesto.

Algunos de mis estudiantes compartieron historias que ocurrieron hace décadas. Los actos de amabilidad fueron tan pequeños. Una de las historias consistió en cederle el paso a un hombre en la fila del baño. Otro ejemplo fue sobre un conductor que detuvo su auto para ver si una persona que había caído en la banqueta se encontraba bien. Un estudiante describió una ocasión en la que tuvo una conversación retadora por teléfono mientras esperaba el tren, y cómo después de que colgó, un extraño que abordó el tren le dijo “Ojalá tu día mejore”. Los estudiantes escribieron cómo recordaban experiencias como estas cuando querían recuperar su confianza en la humanidad o sentirse renovados con esperanza y fortaleza.

Humanidad Compartida

También estoy en medio de la impartición de un curso de ocho semanas de compasión en el Hospital de Stanford y la sesión de la siguiente semana es sobre Humanidad Compartida.

La práctica de meditación que aprenderemos es simple: Contemplar a un ser humano a un grupo que esté estimulando tus juicios, desagrado, enojo o miedo y recordar la siguiente: “Esta persona, justo igual que yo, desea ser feliz y liberarse del sufrimiento. De esta forma, no somos diferentes”.

Si has sentido malestar por estas elecciones, recuerda que no estás sola o solo. Hay innumerables personas que también sienten desesperanza. Al recordar esto, decide ser el antídoto para el estrés moral de otra persona. Tus pequeños actos de amabilidad, pueden resonar en la vida de las otras personas de formas que ni siquiera imaginas y con una duración mayor a este proceso electoral.

 

Artículo Original publicado en Greater Good Science Center. Leer artículo original AQUÍ. Traducción: Instituto Cultivo.