Práctica de mindfulness y terapia. La diferencia entre sanar y arreglar

Es común escuchar que la práctica de mindfulness no “funciona” cuando lo usamos como un medio para un fin. Aquí, Genevieve Tregor explica por qué el mindfulness pierde su impacto cuando se usa en pequeñas dosis al estilo bandita, en lugar de integrar la práctica a nuestra vida cotidiana.

Por: Genevieve Tregor

La comunidad psicológica ha abrazado por completo la práctica de mindfulness. Esto ha ocurrido como respuesta a los múltiples beneficios en salud reportados por individuos y documentados por la literatura científica. Las investigaciones continúan desarrollándose con diseños robustos y la comunidad científica ha comenzado a detallar la efectividad de la práctica.

Como instructora apasionada de mindfulness, es alentador y emocionante –sin embargo, viene con un costo. Con la adopción de cualquier idea, los elementos críticos pueden perderse o diluirse, y como resultado, también su impacto.

Al mismo tiempo que aplaudo que se adopte el mindfulness y que sus beneficios sean accesibles para más personas; también noto que los malentendidos con respecto a la práctica han afectado lo que se ofrece con el nombre “mindfulness”.

El entendimiento de que “mindfulness no es un técnica” regularmente pasa desatendido en la búsqueda de esta adopción.

Mientras crece la aceptación por el mindfulness, se ha usado cada vez en los últimos años en la práctica psicológica como otra “modalidad” o técnica. Sin embargo, cuando los practicantes en un contexto terapéutico buscan incorporar técnicas de atención plena a su trabajo sin un entendimiento apropiado, la práctica pierde su eficacia.

La práctica de mindfulness no es (solo) una técnica

Aunque escuchamos esto con frecuencia –o tal vez porque lo hacemos y por lo tanto, se ha convertido en ruido blanco- el entendimiento de que “mindfulness no es una técnica” regularmente pasa desapercibido en la búsqueda de esta adopción. Hay dos problemas con esto:

  • Cuando se usa una enseñanza basada en técnicas, el mindfulness y los beneficios que puede proveer dejan de ser ofrecidos.
  • Una aproximación basada en técnicas puede, en algunos casos, generar daño.

Para tender porque ocurre esto en el contexto de la comunidad terapéutica, hay algunos conceptos que explorar. Entre ellos, cómo se entiende un encuentro terapéutico, cuáles son los elementos que se involucran en un encuentro terapéutico y, finalmente, cómo se ve enseñar mindfulness en este contexto (o cualquier otro contexto).

Reconocer sanar vs. arreglar

La mayoría de los terapeutas reconocerán que su trabajo más profundo está en campo de “sanar” en lugar de “arreglar”. Es decir, reconociendo y reafirmando a la persona como un todo, en lugar de como un problema a resolver.

El catalizador del trabajo sanador descansa en el terreno relacional, la dinámica creada entre el cliente y el terapeuta. De forma similar, el arte de enseñar mindfulness existe firmemente en el reino de la sanación. Sin embargo, en el encuentro terapéutico también son necesarios elementos que funcionan como intervención, con una intención de “arreglar” o ayudar.

El movimiento entre estas dos intenciones es donde el uso de mindfulness en un contexto terapéutico puede confundirse. El poder terapéutico de mindfulness descansa, en su núcleo, en la paradoja de dejar ir la necesidad de arreglar para así poder sanar.

mindfulness y psicoterapia

Esto no significa que nos rindamos en tratar de ayudarnos o ayudar a otros. Sin embargo, la habilidad para reconocer la diferencia entre estas intenciones informa el entendimiento de la práctica de mindfulness.

El poder terapéutico de mindfulness descansa, en su núcleo, en la paradoja de dejar ir la necesidad de arreglar para así poder sanar.

Aunque el trabajo de un terapeuta es relacional por naturaleza, se sostiene de un marco conceptual o teoría psicológica que informa esa relación (por ejemplo, psicodinámica, humanista, cognitiva, integrativa, etc.). Adicionalmente, hay muchas modalidades terapéuticas, regularmente informadas por estos paradigmas o teorías, que funcionan como intervención, técnica, o kit de herramientas.

Las modalidades pueden ser concebidas como métodos para trabajar con una serie de síntomas o problemas […]. Sin embargo, tratar el mindfulness como una modalidad más involucra una falla fundamental.

Aproximarse a la práctica de mindfulness en términos de modalidad terapéutica es problemática en muchas formas. El problema comienza con el choque de un principio del mindfulness en el contexto de tratar de “arreglar” algo.

Un practicante tiene que estar dispuesto a dejar de lado todas las metas; todas salvo la conciencia de lo que está pasando en el momento presente.

Esto no significa que sea inválido aprender la práctica de mindfulness porque queramos cambiar algo de nuestras vidas. Es perfectamente legítimo tener una razón o motivación para querer aprenderlo. De hecho, muchos encuentran la práctica porque sufren y están buscando una forma para liberarse de ese sufrimiento. Aquellos que padecen de ansiedad, depresión, dolor crónico o cualquier dificultad físico o emocional, han encontrado alivio y sanación al aproximarse al mindfulness con ese propósito.

Pero con la motivación de escapar del sufrimiento es donde las cosas pueden volverse confusas.

Este beneficio sólo puede encontrarse en las sutilezas de la paradoja de la práctica; donde al abrazar lo que está presente, permite que ocurra el cambio y la sanación.

No es algo que pueda traducirse fácilmente a través de la enseñanza de “técnicas” para emplear cuando ocurren las dificultades.

¿Cómo sanamos al dejar ir?

Es útil revisar la definición de Jon Kabat-Zinn sobre el mindfulness –Kabat-Zinn es pionero del programa Reducción del Estrés basado en Mindfulness (MBSR por sus siglas en inglés), y el padre del mindfulness el cuidado de la salud. Él incluye “libre de juicios” en su definición de mindfulness.

¿Qué es la conciencia libre de juicios?

Una capacidad crítica al enseñar mindfulness es guiar a otros a reconocer las diferentes formas que mantienen “lentes” que obscurecen nuestra habilidad para ver claramente lo que ocurre en el momento presente.

Reconocer estos lentes está dentro de la descripción de mindfulness ofrecida por Kabat-Zinn cuando habla de “libre de juicios”. La definición de mindfulness de Kabat-Zinn, es:

“Poder atención de una forma particular: intencionalmente, en el momento presente y libre de juicios”

El juicio al que se refiere va más allá de (pero incluye) lo que generalmente entendemos como hacer juicios.  Señala la habilidad de reconocer cualquier sesgo o percepción más allá de la experiencia sensorial directa.

Es decir, experiencia directa sensorial como fenómenos desnudos de las puertas de los sentidos: ver, escuchar, sensaciones, etc. Estos sesgos y percepciones funcionan como lentes a través de los cuales evaluamos (juzgamos) nuestra experiencia.

Tan pronto como comenzamos a buscar un objetivo en particular, se vuelve elusivo.

Unos lentes difíciles de reconocer son unos que me gusta llamar “in-order-to-mind”. Esto surge incluso en practicantes experimentados. Todos los practicantes deben estar siempre al pendiente de estos lentes porque puede ser algo sigilosos. Por ejemplo, cuando un practicante atiende una sensación dolorosa y nota que esto suele cambiar la experiencia de dolor, incluso hasta el punto de no sentirlo.

Entonces la práctica puede orientarse a atender la experiencia para deshacerse de ella en lugar de simplemente observarla. Tristemente, la posibilidad de que el mindfulness tenga este impacto está prácticamente perdida cuando estos lentes están presentes. Tan pronto como comenzamos a buscar un objetivo en particular, se vuelve elusivo.

Ver más allá de los “lentes” (y técnicas)

En la práctica de mindfulness, estamos cultivando la habilidad para reconocer cuando estos diversos lentes están presentes. Así, será menos probable que seamos influidos por ellos. Así que cuando nos aproximamos al mindfulness como una técnica, cuya naturaleza es un medio para un fin –un lente de “arreglar”- socava la naturaleza fundamental de la práctica.

Como resultado, el uso de algunas técnicas básicas de mindfulness, en ausencia de un marco más amplio de la práctica, tendrá un impacto y valor limitado.

práctica de mindfulness

Esto no significa que esas prácticas por sí mismas no puedan ser benéficas en ciertas formas. Por ejemplo, pueden ser útiles al moderar la conducta cuando son usadas intencionalmente.

Es sólo que, como cualquier otra intervención similar, uno necesita poder tener acceso a ellas en momentos difíciles, cuando son más difíciles de recordar. Para poder usarlas en medio del día de forma espontánea y fluida, las prácticas necesitan ser cultivadas y desarrolladas. Esto es algo que simplemente no ocurre al ofrecer una serie de técnicas.

Kabat-Zinn habla de la dificultad de tratar de aplicar el mindfulness en la experiencia diaria:

“Es una presunción y probablemente una ilusión pensar que dado que el mindfulness se trata de estar en una sabia relación con el momento presente, entonces, puedo hacerlo en cualquier momento a lo largo del día. Suena buen pero es un trabajo muy difícil para nosotros los humanos, incluso el unir dos momentos de presencia atenta”

Las técnicas por sí mismas no van a aportar la misma experiencia que aprender mindfulness de la forma robusta. No va a funcionar en el nivel transformativo que la práctica encarnada lo hace.

No va a cambiar fundamentalmente la relación con la experiencia, que es donde el recae el poder de mindfulness.

Programas basados en prácticas de mindfulness

La mayoría de las investigaciones a la fecha han utilizado resultados de programas que ofrecen una práctica robusta enseñada por maestros ampliamente cualificados que son capaces de impartir no sólo técnicas, sino enseñar cómo trabajar con ellas hábilmente en un rango amplio de experiencias; además de transmitir el espíritu de la práctica en lugar de una colección de procedimientos a emplear.

Aprender mindfulness de la forma robusta, cultiva un entendimiento profundo de nuestra experiencia. Esto nos lleva al cambio o la sanción a un punto que la diferencia que se va perpetuando con el tiempo.

McMindfulness

De forma regular, aparecen artículos criticando y poniendo en duda la práctica de mindfulness como una aproximación valida o útil, o sugiriendo que sus impactos están sobrevalorados.

Si bien es cierto que el mindfulness no es la panacea como muchas veces se presenta; estos artículos regularmente surgen como respuesta a lo que a veces se ofrece con el nombre de mindfulness y que son técnicas diluidas, o incluso algo completamente diferente

[…] Esto puede causar confusión en consultores terapéuticos o en organizaciones que buscan ofrecer programas basados en mindfulness. Esta confusión ha resultado en la proliferación de lo que se conoce como “pop-mindfulness” o “McMindfulness”.

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Así, tratan de apropiarse de los resultados de la práctica auténtica de mindfulness con soluciones de bandita y arreglos instantáneos que se sienten bien, donde el mindfulness se relega a simplemente una palabra pegadiza.

Además, el ofrecimiento de técnicas básicas que no están informadas en un entendimiento profundo de la experiencia puede causar daño. Muchas veces esto sólo resulta en provocar instrucciones confusas; sin embargo, también es posible, particularmente al trabajar con individuos que se enfrentan a diferentes grados de malestar psicológico, que forzar una técnica particular sin el entendimiento completo exacerbará los problemas mentales, incluido el trauma.

No es difícil entender cuando alguien que trabaja dentro de la comunidad terapéutica encuentra la culpa en el “mindfulness” por estas razones. Sin embargo, no son las prácticas por sí mismas las que son problemáticas. Lo problemático es el uso de algo diferente con el nombre de mindfulness, o la falta de entendimiento de las prácticas que son enseñadas y crean confusiones.

La prácticas de mindfulness al servicio: mindfulness en terapia

Hay varios terapeutas que se han dedicado a su propia práctica de mindfulness y son aptos para ofrecerla como un elemento dentro de un contexto terapéutico.

Estos terapeutas reconocen que la práctica de mindfulness es la práctica de estar presente “al servicio” de nuestra propia experiencia. Un practicante terapéutico es capaz de mantenerse presente y abierto a la sanción que ocurre dentro de la relación.

Esto es increíblemente poderoso –mucho más impactante que ofrecer algunas técnicas. Este simple acto de estar totalmente presente con otro puede proveer de un profundo catalizador de cambio y sanación.

Rachel Naomi Remen MD, profesora de la escuela de medicina de UCSF, es considerada una pionera en la medicina integrativa y centrada en la relación. Ella describe la naturaleza y las diferencias entre, sanar vs. arreglar en el rol de un profesional de salud y dentro del contexto terapéutico:

“el servicio… es una experiencia de misterio, entrega y asombro. Alguien que arrela tiene la ilusión de ser casal. Alguien que sirve sabe que él o ella está siendo usado y tiene la voluntad para ser usado en servicio de algo más agrande, algo esencialmente desconocido… arreglar y ayudar son las bases de la curación, pero no de la sanación… Sólo el servicio sana.”

La práctica de mindfulness es básicamente un forma de mantenernos en servicio de- como testigo de –nuestra experiencia. La práctica de mindfulness puede ser profundamente sanadora al ser relacionada desde esta perspectiva.

Enseñar desde la idea de “para” es enseñar una forma de tratar de arreglar o cambiar algo, lo que no es mindfulness. Mientras que la terapia incluye necesariamente elementos de ambos, el mindfulness está basado fundamentalmente en sanación.

[…]

Artículo original publicado en Solution Mindfulness en abril de 2018. Leer original AQUÍ. Traducción: Instituto Cultivo.

2019-03-18T10:45:13+00:00