La perspectiva científica de mindfulness

Por: Valentín Méndez.

Esta serie de artículos están dedicados a aclarar el concepto de mindfulness en medio de una gran variedad de aproximaciones. En la primera entrada, exploramos las raíces de la práctica desde la tradición contemplativa budista. Ahora exploraremos las generalidades de la práctica del mindfulness científico.

Definición de mindfulness

El precursor de las prácticas de mindfulness en occidente es Jon Kabat-Zinn. Él comenzó a utilizar esta herramienta con personas que experimentaban dolor crónico. La definición clásica que él propone es:

“La conciencia no enjuiciadora que se despliega momento a momento, la cual se cultiva prestando atención de manera específica: en el momento presente y de la manera menos reactiva y enjuiciadora posible, y con la máxima apertura del corazón”

Es decir, el cultivo de mindfulness implica atender la experiencia, tal como ocurre momento a momento y hacerlo de forma voluntaria.

Al hacerlo “de la manera menos enjuiciadora”, nos referimos a no elaborar conceptualmente “me gusta” o “no me gusta” sobre la experiencia.

Cabe mencionar que esto no significa abandonar la capacidad de discernir. Significa conocer la experiencia y cómo la vivimos para que a partir de ahí podamos elegir una respuesta sabia.

Esta práctica tiene grandes beneficios psicológicos. Uno muy importante para la libertad humana es la disminución de la resistencia y la reactividad.

Al practicar este tipo de atención no te resistes a la experiencia. Sino que te permites atenderla libre de juicios, tal como ésta se desenvuelve.

El mindfulness y su relación con la libertad

Al disminuir la resistencia, también se disminuye la reactividad a la emoción o a los fenómenos. Habitualmente, reaccionamos inmediatamente a lo que ocurre en la vida. Pero, si eres capaz de atender ese evento con una atención amplia, entonces tendrás mayor margen de libertad.

Viktor Frankl, reconocido psiquiatra quien sobrevivió al holocausto nazi, decía:

“Entre estímulo y respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder para elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta radica nuestro crecimiento y nuestra libertad”

Así, la práctica de mindfulness científico nos enseña a experimentar los diferentes fenómenos, experiencias, personas, encuentros o desencuentros con una visión amplia. Al hacer esto no reaccionamos inmediatamente, sino que nos hacemos un contenemos más grande o un anfitrión más grande de las experiencias. Y eso nos da libertad.

La práctica de mindfulness nos ayuda a familiarizarnos con nuestra propia experiencia. Habitualmente, sólo vivimos haciendo ideas de cómo debería ser el mundo, cómo debería ser nuestra experiencia y realmente no estamos presentes en lo que ocurre en el momento.

Philippe Goldin es un neurocientífico que ha estudiado diferentes formas en que las personas nos relacionamos con la experiencia. De acuerdo a su trabajo, aquellas personas que tienen una aproximación en tercera persona a su experiencia (enjuiciar, elaborar pensamientos de su experiencia) tienden más a la ansiedad y a la depresión.

Por otra parte, las personas que tienen una aproximación en primera persona de su experiencia, es decir, metidos en su experiencia fisiológica, sensorial y emocional, son personas que tienden a recuperarse más rápido de las emociones difíciles.

A grandes rasgos, es así como el mindfulness científico ayuda a familiarizarnos con nuestra experiencia tal y cómo ésta ocurre.

Nos ayuda a cultivar actitudes más sabias hacia esas experiencias.

En la siguiente entrada de esta serie introductoria al mindfulness, hablaremos sobre aquello que no es mindfulness. También exploraremos cuáles son algunos de los peligros de vincularnos con una idea errónea de ésta práctica.

2018-09-05T11:50:29+00:00