¿Cuándo debería meditar y cuándo relajarme?

Por. Barry Boyce.

La meditación no es sinónimo de vacaciones para la vida cotidiana –puede ser un curso intensivo en la exploración de nuestro panorama interno. Si necesitas descaso, la meditación puede no ser la mejor forma de gestionar tu mente, de acuerdo a Barry Boyce.

En el clásico de Maurice Sendak “Donde viven los monstruos”, la recamara del joven Max se transforma en un jungla llena de monstruos rugen, enseñan los dientes y amenazan con sus garras. Él los lleva a la quietud y se convierten en sus amigos. Una vez viajado a donde se encuentran los monstruos, Max regresa a su habitación para disfrutar una cena comida caliente. Un viaje de ida y vuelta encantador.

Las generaciones de niños y adultos que lo han leído (¡ya tiene 55 años!) han revelado una versión en miniatura del viaje del héroe –al menos parcialmente porque es una gran metáfora para la mente.

Los monstruos que habitan en la mente

Ciertamente, la mente es donde se encuentran los monstruos. Contiene nuestros miedos del futuro y del futuro de las personas que amamos, nuestros arrepentimientos y vergüenza almacenada del pasado, nuestro confusión acerca de quien somos y quienes queremos ser, nuestro enojo con los ogros del mundo, nuestra molestia con las personas que simplemente no se ajustan a nuestro versión de cómo deberían ser, y nuestra molestia al ser tan malvados al tratar de hacer que las personas entren en nuestras cajas (¿quién nos creemos que somos?).

Todo esto y más acecha en la mente.

En la meditación mindfulness, nos encontramos en soledad con todos estos monstruos saltando desde la parte de atrás los arbustos de nuestra psique. Con estabilidad y ánimo, podemos ver a los monstruos como sólo pensamientos –trabajables y domesticables- tal como en la pequeña historia de Max.

Podemos sentirnos animados a ir más profundamente en esta exploración y hacer meditación más intensiva: por algunos días, una semana o más. Vamos a dejar que más de estos monstruos salgan a jugar y veamos qué pasa.

Se puede poner engañoso en este punto. Tal como lo señala el profesor Willoughby Britton de la Universidad de Brown, si no estamos preparados y no tenemos el contexto adecuado, la práctica de meditación mindfulness, particularmente en dosis intensivas, puede ser una práctica psicológicamente insana. Puede desatar a los monstruos al punto de abrumarnos.

Pocas personas reportan estos problemas con dosis diarias de meditación y técnicas simples de traernos de vuelta al presente, pero hay algunos meditadores que creen que pueden domar su mente salvaje de una vez por todas en un intensivo heroico de mindfulness. Cuando sale mal, nunca regresan a meditar.

Los frutos de tomarlo con calma

Intentarlo demasiado es precisamente eso: intentar. Da frutos el tomarlo con calma, particularmente si no lo toamos con calma la mayor parte del tiempo. La meditación no es una píldora con resultados automáticos. Lo bien que funcione depende de muchos factores, uno de los cuales es nuestro bienestar para empezar.

Enfrentémoslo. Nuestra vida cotidiana puede que no nos esté proveyendo del ambiente más saludable psicológicamente. El extremo frenético bajo el cual se nos pide a muchos de nosotros operar –por jefes, seres amados o nuestro crítico interno- puede cansarnos realmente y disminuir nuestros recursos físicos y emocionales.

Las veces que he preguntado a diversos especialistas en desórdenes del ánimo que también enseñan mindfulness, si consideraban que la meditación intensiva es buena idea si estás estresado profundamente o quemado, la respuesta es un enfático “no”. Cuando se está tan agotado, se necesita descanso, placer, compañía, tranquilidad. Tomarse tiempo fuera y dejar el retiro para cuando estés descansado y listo para explorar tu jungla interna.

 

Este artículo fue publicado originalmente en Mindful el 1 de noviembre de 2018. Ver original AQUÍ. Traducción: Instituto Cultivo.

2018-11-30T22:27:13+00:00