¿Qué tan altruista es tu cerebro?

Por Jill Suttie.

Un nuevo libro argumenta que los hallazgos neurocientíficos sugieren que el altruismo no sólo es una respuesta  moral sino un instinto.

Muchos académicos han argumentado que los humanos somos una especie con fallas morales, preocupada sólo por nosotros mismos. Sin doctrinas religiosos o códigos éticos estrictos, tendríamos pocas razones para mantener al margen nuestras conductas egoístas y ningún remordimiento para actuar de forma altruista.

Según Donald Pfaff, neurocientífico de la Universidad Rockefeller, este modelo de la conducta social  está basado en un pensamiento obsoleto. Además, este modelo no cuenta con evidencia científica que lo respalde.

En su libro, El cerebro altruista, Pfaff sostiene que los hallazgos de la neurociencia y las ciencias del comportamiento apuntan hacia un nuevo modelo de altruismo. Este modelo no lo ve como respuesta a la autoridad moral, sino como un instinto programado en nuestros cerebros.

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Un nuevo modelo de altruismo

En otras palabras, el argumenta que “nacimos para ser buenos”. Tenemos los circuitos cerebrales que nos permiten ser sensibles a lo que otros piensan y sienten, a empatizar con su sufrimiento, a cuidar su bienestar y para traducir esta información a acciones compasivas.

Muchas de estos mecanismos neurales están debajo de nuestro conocimiento consciente, pero existen y guían nuestras acciones. Por ello tendemos a hacer racionalizaciones del por qué actuamos de forma altruista en una determinada situación. Estas racionalizaciones surgen después del hecho, no antes.

altruismo cerebro

“El principio rector de un cerebro humano saludables es ‘Primero actúa moralmente, después pregunta por qué’”, escribe. Similares a los argumentos dados por biólogos evolutivos, Pfaff sugiere que el altruismo no es resultado de la religión. 

El altruismo probablemente evolucionó para permitir a los humanos expandir su nicho y sobrevivir ante un mundo hostil.

Él cree que el deseo de tener relaciones sexuales y la necesidad de cuidar a la descendencia es parte de lo que impulso a los humanos a reducir su miedo a extraños y expandir su círculo de preocupación para incluir a más y más personas –algo que el altruismo argumenta.

Revisó exhaustivamente el trabajo de un amplio rango de investigadores como Joshua Greene y Michael Tomasello. Al hacerlo, él muestra cómo ayudar a otros es generalmente la primera respuesta en interacciones humanas. Esto ocurre incluso cuando podamos actuar de forma diferente al pensarlo por más tiempo.

Esto lo llevo a sugerir que deberíamos “diseñar estrategias que permitan hacer uso de esta capacidad de forma efectiva”. Propone hacer esto en lugar de partir de la base de que debe ser enseñado desde cero.

Al revisar la literatura, Pfaff sugiere que las personas pueden ser más propensas a actuar de forma altruista si supieran que tienen una capacidad instintiva para hacerlo.

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Más allá de la teoría evolutiva…

Apunta hacia formas de estructurar el ambiente para incrementar el altruismo. Además de promover la confianza, fomentar mejores relaciones y crear “ciclos de virtud”.

Incluso va más allá y sugiere que podríamos (y deberíamos) reestructurar los organismos regulatorios y el sistema de justicia criminal para inspirar formas más altruistas –en lugar de punitivas y antagonistas- de trabajar juntos para la justicia.

“Dado que sabemos que la reciprocidad moral es la posición predeterminada de la humanidad y creemos que es deseable, parecería imperativo para nosotros trabajar para desarrollar instituciones y culturas que promueven la reciprocidad moral”, escribe Pfaff.

Claro, las tendencias altruistas no son universales y hay casos en los que se desmorona por completo.

Pfaff describe algunos de estos casos – por ejemplo, actores individuales “malos”, pandillas, guerras- y sugiere algunas ideas sobre cómo usar el concepto del cerebro altruista para evitarlas.

Mucho de este libro es especulativo y en algunos momentos idealista, pero si nos deja material para pensar… y también esperanza. Tal vez si llegamos a entender cómo el cuidado por otros es parte de nuestra naturaleza instintiva, podremos prevenir algunos de nuestros mayores problemas sociales y aprender cómo resolver de mejor manera nuestros conflictos.

De acuerdo con Pfaff, nuestros cerebros estarían apoyándolo completamente.

Artículo original: http://greatergood.berkeley.edu/article/item/how_altruistic_is_your_brain