La banalidad del heroísmo.

Por: Zeno Franco y Philip Zimbardo. 

Hace 35 años, uno de nosotros (Philip Zimbardo) lanzó el Experimento de la Prisión de Stanford. Veinticuatro jóvenes que respondieron a un anuncio en el periódico para participar en un estudio. Después, fueron asignados al azar a desempeñar un rol de “prisionero” o “guardia” en una prisión simulada en la Universidad de Stanford. Los “prisioneros” fueron arrestados en sus casas por verdaderos oficiales de policía y llevados a esta prisión.

[…] La idea era estudiar la psicología del aprisionamiento. Es decir, ver lo que ocurre cuando pones a buenas personas en un lugar deshumanizante. Al cabo de unas horas, lo que había sido un experimento controlado de la conducta humana adquirió vida propia. Después de la rebelión de un participante en el segundo día del experimento, los guardias comenzaron a usar formas degradantes de castigo y los prisioneros se volvieron más y más pasivos.

Cada grupo adoptó rápidamente conductas asociadas a su rol. No lo hicieron por una predisposición interna particular o por instrucciones de los experimentadores, sino porque la situación por sí misma era tan poderosa que provocó que estos dos grupos adquirieran nuevas identidades.

Incluso los experimentadores estaban tan absortos en el drama que perdieron objetividad. Sólo decidieron terminar el experimento cuando una persona externa les recordó su obligación de tratar a los participantes de forma humana y ética. El experimento estaba programado para durar dos semanas, terminó abruptamente después de 6 días.

La banalidad del mal

Nos hemos dado cuenta que esas transformaciones del carácter humano no son tan raras como podríamos pensar. La indagación histórica y de la ciencia conductual demuestra la “banalidad de la maldad”. Es decir, bajo ciertas condiciones y presiones sociales, las personas ordinarias pueden cometer actos que de otra forma parecerían impensables.

[…] A todos nos gusta pensar que la línea entre bondad y maldad es impermeable. Nos gusta pernsar que las personas que hacen cosas horribles están del lado de la maldad en esta línea y que el resto de nosotros jamás podría cruzarla. Sin embargo, el Experimento de la Prisión de Stanford y los estudios de Milgram revelan la permeabilidad de esa línea.

Algunas personas están en el lado bueno porque las situaciones nunca las han seducido o coaccionado para cruzarla.

Y esto es cierto no sólo para perpetradores de tortura u actos horribles. También para personas que cometen un acto más común de maldad –no tomar acción cuando se necesita. […]

En el Experimento de la Prisión de Stanford, por ejemplo, había “buenos guardias” dentro de la prisión. Buenos guardias que cuando ocurrieron los peores abusos, nunca les hacían daño a los prisioneros. Sin embargo, en ningún momento durante esa semana confrontaron a los otros guardias y les dijeron “¿Qué estás haciendo?” o “¡Ey! Recuerda que también son estudiantes, no son prisioneros”.

Ningún guardia intervino para detener las actividades de los guardias malos. Ningún guardia bueno llegó un minuto tarde, se fue un minuto antes o se quejó en público. De cierta forma, fueron esos buenos guardias los que permitieron que se cometieran esos abusos.

La situación dictó su inacción y su inacción facilitó la maldad.

La banalidad del heroísmo

Pero ya que la maldad es tan fascinante, nos hemos obsesionado con analizar a quienes la cometen. Tal vez debido a experiencias trágicas como la Segunda Guerra Mundial, hemos rechazado el considerar el lado opuesto de la banalidad del mal

¿Será también posible que los actos heroicos puedan ser algo que cualquiera puede hacer, dadas las condiciones y mentalidades correctas? ¿Podemos hablar de una “banalidad del heroísmo”?

El concepto de la banalidad del heroísmo sugiere que todos somos héroes potenciales. Sugiere que esperamos el momento de la vida para hacer un acto heroico.

La decisión de actuar heroicamente es una elección que todos tendremos que tomar en algún punto de la vida.

Al concebir al heroísmo como un atributo universal de la naturaleza humana y no como un rasgo de pocos, el heroísmo se convierte el algo que tiene una amplia gama de posibilidades en cada persona. […] La idea de la banalidad del heroísmo desmiente el mito de los “héroes electos”, un mito que refuerza dos tendencias humanas básicas:

La primera es atribuir características personas muy raras a personas que hacen algo especial. Es decir, verles como super humanos, fuera de la comparación del resto de nosotros.

La segunda es la trampa de la inacción –algunas veces llamado “efecto del espectador”. Las investigaciones señalan que este efecto es motivado por la difusión de la responsabilidad, cuando varias personas atestiguan una emergencia, todos asumen que alguien más ayudará. Tal como los “buenos guardias”, caemos en la trampa de la inacción cuando asumimos que es la responsabilidad de otra persona actuar como héroe.

¿Qué es el heroísmo?

[…] El heroísmo es diferente al altruismo.

Mientras que el altruismo enfatiza los actos desinteresados que asisten a otros, el heroísmo implica el potencial de un sacrificio personal más profundo. El núcleo del heroísmo gira en torno del compromiso individual a comprometerse a un propósito noble y a la voluntad de aceptar las consecuencias de luchar por ese propósito.

[…] El heroísmo al servicio de una idea noble regularmente no es tan dramático que incluya en peligro físico. El heroísmo social es costoso a su propia forma, regularmente involucrando una pérdida de estabilidad financiera, disminución de estatus social, pérdida de credibilidad, arresto, tortura, riegos a miembros familiares y en algunos casos, muerte.

Estas diferentes formas de vinculación con un ideal sugieren una definición más profunda de heroísmo. Basados en nuestros análisis de muchos actos heroicos, creemos que el heroísmo está hecho de cuatro dimensiones independientes.

Características del heroísmo

Primero, el heroísmo involucra algún tipo de misión, que puede ir desde la preservación de la vida hasta la preservación de un ideal.

Segundo, el heroísmo debe incluir alguna forma de sacrificio o riesgo actual o anticipado. Esto puede ser ya sea un daño físico o un sacrificio social profundo.

[…] Tercero, el acto heroico puede ser pasivo o activo. Regularmente pensamos en el heroísmo como una acción valiente, algo que es claramente observable. Pero algunas formas de heroísmo involucran resistencia pasiva o la negativa a moverse.

[…] Por último, el heroísmo puede ser repentino, un acto de una vez, o algo que persista a lo largo de un tiempo prolongado. Esto puede significar que el heroísmo puede ser casi una reacción instantánea a una situación, tal como el auto-descrito “chico promedio” llamado Dale Sayler, quien sacó a un conductor inconsciente de su vehículo cuando estaba a punto de ser arrollado por el tren. También pueden ser una serie de acciones bien pensadas y realizadas a lo largo de días, meses o por toda la vida. Por ejemplo, en 1940, un cónsul japonés en Lithuania, firmó más de 2009 visas de judíos esperando que pudieran escapar de la invasión Nazi, aun cuando tenían órdenes directas de su gobierno de que no hacerlo.

Nuestros esfuerzos por categorizar la actividad heroica nos ha llevado a explorar los factores que se unen para crear héroes. Debe señalarse que este es un trabajo exploratorio [Recordemos que este artículo fue escrito en 2006], pero nos permitirá proponer algunas especulaciones que requerirán futuras investigaciones.

¿Qué hace a un héroe?

Hemos podido aprender de investigaciones previas sobre cómo ciertas situaciones pueden inducir el efecto del espectador, que mencionamos anteriormente. Pero así como pueden crear espectadores, las situaciones también tienen un gran poder al generar actos heroicos en personas que nunca se habrían considerado como tales.

De hecho, la primera respuesta de muchas personas que son llamados “héroes” es negar su propia singularidad. Lo hacen con afirmaciones como “No soy un héroe, cualquiera en esta situación habría hecho lo mismo”.

Situaciones de vida o muerte, como cuando las personas están solas en una casa que se incendia o en un auto destrozado, son claros ejemplos de situaciones que orientan a las personas hacia la acción heroica. Pero otras situaciones –como ser testigo de discriminación, corrupción corporativa o atrocidades militares- no sólo hacen surgir lo peor en las personas, también a veces sacan le mejor. Creemos que estas situaciones crean una prueba ética que empuja a algunas personas a intentar detener esa maldad.

Pero ¿por qué hay algunas personas con la capacidad de ver esta prueba y otras no?

¿Por qué algunas personas toman la responsabilidad de una situación mientras que otras sucumben ante el poder del efecto espectador?

[…] Aún no sabemos las respuestas a estas preguntas tan importantes, sim embargo, creemos que un factor importante para promover la acción heroica es la estimulación de la imaginación heroica –la capacidad de imaginarse enfrentando situaciones riesgosas física o socialmente, enfrentando los problemas hipotéticos que estas situaciones generan, y considerar las propias acciones y las consecuencias. Al considerar todo esto por adelantado, la persona estará más preparada para cuándo y si surge algún momento que requiera heroísmo.

¿Cómo nutrir la imaginación heroica?

Existen algunos pasos concretos que podemos tomar para fortalecer nuestra imaginación heroica. Podemos comenzar por mantenernos atentos, evaluando cuidadosa y críticamente cada situación en la que estemos, de forma que no se nos pase una emergencia que requiera nuestra acción.

Debemos tratar de desarrollar nuestro “detector de discontinuidad”.

Es decir, la conciencia de cosas que no encajan, que están fuera de lugar, que no tienen sentido en un contexto determinado. Esto significa hacer preguntas para obtener la información que necesitamos para tomar una acción responsable.

Es importante no temer al conflicto interpersonal

Además, es útil desarrollar la fortaleza personal necesaria para mantenernos firmes a los principios que tenemos. De hecho, podemos pensar en las interacciones difíciles no como conflictos sino como intentos de desafiar otras personas a apoyar sus propios principios e ideología.

Mantenernos conscientes en un horizonte del tiempo amplio, no sólo en el momento presente.

Podemos estar vinculados en la situación actual y al mismo tiempo desapegar una parte de nuestra atención para imaginar escenarios futuros alternativos que pueden ocurrir. Éstas dependerán de las acciones que hagamos o no hagamos en el presente. Además, también podemos dejar una parte de nuestras mentes en el pasado. Hacer esto nos puede ayudar a recordar valores y enseñanzas que nos fueron dadas hace mucho tiempo.

Resistir la urgencia de racionalizar la inacción

Se incluyen en este punto la tendencia de crear justificaciones de actos no constructivos como formas aceptables de fines supuestamente virtuosos.

Trascender el anticipar la consecuencia negativa asociada a algunas formas de heroísmo

Entre ellas, ser socialmente excluido. Si nuestro curso es justo, podemos confiar en que otros reconocerán eventualmente el valor de nuestras acciones heroicas.

[…] Si perdemos la habilidad de imaginarnos como héroes y de entender el significado del verdadero heroísmo, nuestra sociedad empobrecerá por ello. Pero si podemos reconectar con estos ideales antiguos y hacerlos frescos nuevamente, podemos crear una conexión con el héroe que llevamos dentro. Este es el conducto interno entre el mundo actual y el mundo mítico que puede preparar a una persona ordinaria para ser un héroe cotidiana.

 

Este artículo es un extracto del original publicado el 1 de septiembre de 2006. Leer original AQUÍ. Traducción: Instituto Cultivo